Atrás Comprar con conciencia


El Colegio Cisneros inicia un proyecto para difundir una actitud responsable a la hora de ir a cualquier comercio



En esta época del año, el que esté libre de compras que tire la primera piedra. Termina la Navidad. Comilonas, regalos, aguinaldos... Pero ahí no acaba la cosa. Día 7 de enero: comienzan las rebajas. Más gasto en artículos de, muchas veces, dudosa necesidad y calidad. Después llega el día del padre, el de la madre. Bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños. Y la compra diaria. El pasar de los años es un bucle infinito de desembolsos y, como todo en la vida, también hay que saber cómo gastar.

Con el objetivo de 'culturizar' a los ciudadanos en el 'consumo sostenible' nace un proyecto educativo desde el Colegio Público Cisneros. Tratarán de hacer ver, «en un principio a la gente del barrio, que se pueden adquirir los mismos artículos de cada día pero dentro de unos baremos de sostenibilidad», según José Antonio Sánchez Raba, director del colegio, quien define el comercio sostenible como «sano, ecológico y justo».

Como ejemplo, «a la hora de comprar el detergente para el hogar, uno puede informarse previamente de cuál utiliza elementos biodegradables», dice Sánchez Raba, máximo responsable de un colegio comprometido con los actos que van más allá «del papel y lápiz para hacer murales».

Propuestas nocivas

Comedor sostenible, campañas de reciclado de papel y aceite, uso de energías renovables y no contaminantes... De 'su' colegio bullen propuestas para que en el siglo XXI el ser humano no termine de 'romper' el planeta en que vive.

Para ello, ha comenzado una campaña de concienciación entre los vecinos 'del barrio'. Explicar qué es el consumo sostenible y en qué medida puede aplicarse en el devenir diario.

Pero, ¿qué es el consumo sostenible? «Consiste en una serie de acciones tales como una alimentación saludable, eco-consumo consciente y crítico... Todas ellas para satisfacer las necesidades del presente, siempre pensando en las generaciones venideras», según el propio Sánchez Raba.

Y todo dentro del proyecto 'Agenda 21 Escolar', iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas con la que se intenta establecer unas directrices de actuación para alcanzar unos objetivos.

Entre los primeros protagonistas de las charlas educativas, Juan López de Uralde, presidente de Greenpeace en España, quien visitó el colegio hace unas semanas y dejó su particular visión del mundo: «Nos estamos llevando por delante el planeta».

Para paliar esa actitud, Sánchez Raba propone diversas actitudes a sus convecinos. Por ejemplo, que los comerciantes pongan a disposición de los consumidores productos que sigan unas pautas de 'sostenibilidad', tales como «un paquete de papel reciclado, un cargador solar de pilas, alimentos de agricultura y ganadería ecológicas, una radio solar...».

Una pegatina distintiva

Como 'premio', estos comercios podrán mostrar una pegatina que contiene el distintivo que ya han creado para la causa. Así, los compradores sabrán que la tienda a la que entran promueve un consumo regido por unos principios básicos de ecología, solidaridad, compromiso y ahorro.

El modo de saber qué productos comprar y cuáles no también está al alcance de todos. En la página web de Greenpeace (archivo.greenpeace.org/toxicos/html/home.html) los usuarios pueden acceder a una guía para comprar de forma sostenible. Esto es, los productos que sí se rigen bajo las pautas presentadas por la organización medioambiental, aparecen marcados con un signo verde. Por el contrario, los 'prohibidos' vienen acompañados del rojo. Así, a la hora de ir a comprar, por ejemplo, una bolsa de patatas fritas «sabremos que marcas utilizan aceite vegetal 'sano' y cuáles no», explica el director del colegio.

En cuanto a elucubrar quimeras cada día más posibles, a José Antonio Sánchez Raba le viene a la mente «incluso abrir una tienda que venda exclusivamente productos que garanticen el consumo sostenible», dice. «¿Por qué no? Es una oportunidad de negocio».

Queda así esperar a que el concepto cale en la conciencia de todos los protagonistas de los comercios: fabricantes, vendedores y consumidores. Que ahora, cuando alguien se dirija a una tienda en busca de cualquier cosa, recapacite antes. ¿Lo necesito o no? ¿El precio hace justicia al producto? ¿Habrá sufrido alguien algún tipo de explotación a la hora de fabricarlo? Meditar. Que la compra no sea un motivo de frustración. Pero pensando en todos.