"Los Bolos en la literatura montañesa y en las artes plásticas" es el título del libro publicado en 1979 por la Federación Cántabra de Bolos, entonces presidida por Juan Alvarez, y del que son autores Ignacio Aguilera y Joaquín Oria. Buena muestra de lo que tantos y tantos autores han escrito de bolos son los siguientes ejemplos sacados del citado libro: (oda a los bolos[G.Diego], El símbolo de la bolera [Pick], El jugador de bolos [J. Salvador], El juego de los bolos [F. Cossío], Dos viñetas [J. Hierro]).
Fuente:
http://www.atc.unican.es/~rafa/bolos_lite.html
Gerardo
Diego
en "Mi Santander, mi cuna,
mi palabra" . Santander, 1961
EL SIMBOLO DE LA BOLERA
La bolera es un bosque pequeño.Un bosque de nueve árboles próceres y un arbolito que es el emboque. Aquel que juega es el leñador que deriba troncos, un día y otro, de modo incansable. El hacha es la bola que se mete en la selva y la derriba. Las bolas, como el hacha, necesitan ser esgrimidas con vigor y habilidad. El novato o el torpe derribarán pocos árboles en el bosque y pocos bolos en la bolera. El armador es la Naturaleza que repara constantemente los daños causados por los hombres. Gracias a él, el bosque de nueve árboles y un arbolito torna a surgir y a florecer apenas una bola da con él en tierra.
José del
Río Sainz "Pick"
en el diario "La Voz de Cantabria",
1 de Agosto de 1929
EL JUGADOR DE BOLOS
El discóbolo griego redivivo
fija en el tiro la mciza planta,
tiende el brazo hacia atrás y se agiganta
de la esbelta parábola cautivo.
La bola, en arco trémulo y altivo,
al bolo da, su vertical quebranta,
y parte hacia el tablón con fuerza tanta
que es, más que un estacazo, un explosivo.
Y tiembla el corro, de emoción deshecho,
y desde el trio al birle no hay un pecho
que no sienta su ritmo acelerado.
¿Quién convirtió en tan viril jugada
la aldeana bolera en olimpiada?
Es el "Zurdo de Bielva", que ha embocado.
Jesús Salvador Cancio Corona
en "Bronces de mi costa".
Madrid, 1956
EL JUEGO DE BOLOS
El juego de Bolos, en la Montaña, es un juego rústico, que no ha alcanzado el rango aristocrático de otros juegos campesinos, que, del ocio del trabajo, han pasado a ser el ocio del ocio. No podemos, pues, aplicar a él la bárbara palabra de deporte, y bien está la de juego físico, que tiene una relación íntima con la vida natural.
Una bolera montañesa representa una pausa en el paisaje, una calva en la pradera, un reposo sobre un murete de piedras toscas, en el que se sostiene en un equilibrio inestable el jarro y el vidrio de una vaso. Cuando pasamos en coche pore las carreteras de nuestra región, al divisar un pueblo presentimos una bolera, un lugar completamente llano, sin cuestas, sin roca, sin quebradas, como una defensa que los hombres han robado a la Naturaleza para jugar.
Se han aprovechado los árboles viejos para que den sombra, y que quedan allí cumpliendo una misión utilitaria, desarraigados del bosque; árboles venerables, que su función de hacer agradable aquel lugar los ha librado del hacha que busca la utilidad de la madera. Por esto, quizá, los árboles de la bolera ejercen en estos pueblos, que son íntimamente paisaje, y no recinto urbano, una función práctica.
Francisco
de Cossío
en "El Diario Montañés",
de 30 de Octubre de 1958
DOS VIÑETAS
LOS BOLOS
De pie, sobre la bolera,
ordenados y panzudos.
Troncos de árboles desnudos,
que esperan la primavera.
regimiento de madera,
¿no oís que la bomba estalla?
Sin saliros de la raya,
¿es que aguardáis a que toque
su cornetín el emboque
para entrar en la batalla?
LA BOLA
La bomba, redonda, baja
de no se qué avión lejano.
¿Fue un avión o fue una mano
quien la ha lanzado a la caja?
Al birlar, la bola raja,
el roble zumba. Resuena
un xilófono. Se llena
la tarde de ojos abiertos.
Un niño que pone a los muertos
nuevamente en pie en la arena.
José Hierro
en el Campeonato de España 1965
Fuente: http://www.atc.unican.es/~rafa/bolos_lite.html