Atrás Educación a toda costa


Para organizar una visita a Santander podríamos proponer unos ejemplos de personajes a sugerir como modelos de "sostenibilidad" (salud, medio ambiente y valores): Cioli, Vital Alsar, los hermanos Tonetti, Alberto Pico,...


Se trataría de seguir en la línea de la costa, unos "hitos ejemplares" o "ejemplaritos", "ruta de los valores" o "recieza moral" ("recieza" es lo que arrastra el mar a la costa).


Dependiendo de la edad y de los objetivos, se podrían saltar las "paradas" de esa posible ruta. En
http://www.ayto-santander.es/Concejalias/Turismo/Turismo_itinerarios1.htm se pueden recoger ideas, pero ahora os proponemos:

* Costa norte

- Virgen del Mar

- Panteón del Inglés

- Puente del diablo

* Faro de Cabo Mayor y monumento (recuerdo de lo absurdo de las guerras)

* Segunda Playa

- Estatua de Corocota; Monumento a Juan de la Cosa (donde El Chiqui)
- Monumento a El Quijote. Eulalio Ferrer (Publicista, escritor, investigador de El Quijote)
- Parque de Mesones: Hermanos Tonetti (Payasos sencillos y muy queridos por todos)
-
Jardines de Piquio: rosa de los vientos (Reflexión sobre el punto de vista en el mundo)


* Península de la Magdalena:
- Monumento al poeta José del Rio (Pick)
- Vital Alsar (Navegante intercultural. Promotor de valores universales)
- Félix Rodríguez de la Fuente (Naturalista, investigador, divulgador)
- Cioli (82 años dedicados a salvar de ahogarse a más de 100 personas. Sencillo, querido por todos, vida saludable, investigador del cielo y del mar)
- Fragmento de José María de Pereda en Sotileza sobre una "galerna"


* Paseo de Reina Victoria:
- Monumento a Gerardo Diego ("Mi bahía")
- Museo Marítimo
- Palacio de Festivales (la cultura al alcance del pueblo)

* Puerto Chico:
- Dique de Gamazo (antiguos oficios; conservación del patrimonio)
- Planetario (Escuela de Náutica)
- Jan Abascal (Campeón de vela, deporte ecológico. Se dedica a enseñar sus conocimientos a otros)
- Kalin (Hombre sencillo que se dedica a mantener la memoria de otros tiempos. Su minusvalía no le impide tener multitud de amigos y un excelente humor)
- Raqueros (Niños de la calle, imaginativos y sinceros)


* Jardines de Pereda
- Grúa de piedra (lo viejo y lo nuevo)
- Monumento a Concha Espina (fuente realizada por Victorio Macho en 1927, año en que la escritora recibió el Premio Nacional de Literatura, e inaugurada por Alfonso XIII. En 1960 se añadió un frontón en homenaje a Víctor de la Serna, hijo de Concha Espina y uno de los más renombrados periodistas del siglo XX).
- Monumento a José María Pereda (Escritor de lo cotidiano, lo sencillo. Escenas de Peñas Arribas, Sotileza y otras obras).
- Monumento en recuerdo al incendio de Santander
(1941).
- Monumento al Machichaco (explosión de dicho barco, que se produjo cuando las llamas del incendio que se había declarado a bordo alcanzaron las cajas de dinamita que transportaba el carguero, anclado en ese momento en Maliaño)

* Barrio Pesquero
- Alberto Pico (Cura sencillo, pacifista, pendiente siempre de los más necesitados. Aceptado por personas de todas las tendencias políticas, culturales, económicas, religiosas,...)

 

Uno de los personajes vivos que nos parecen ejemplares desde el punto de vista educativo es el popular Cioli: persona sencilla; querida por todos; hábitos saludables; respeto al medio ambiente; solidario; investigador;...

Conversación con Cioli en La Magdalena
Jesús PINDADO
Cioli sabe ver venir la lluvia. Me explica las diferencias entre cúmulos y cirros y me apunta a un racimo cirrótico a lo lejos cuyas estrías señala que es agua y que ya debe andar cayendo por Astillero. Apunta que el síntoma de agua son "como garabatos".

Mientras esté Cioli feliz, la playa es feliz porque las cosas son un intermdio entre lo que ellas sean y la idea que nosotros nos hacemos, que algo así vino a decir Ortega con su teoría raciovitalista. Cioli tiene el secreto de no aburrise porque advierte cómo el agua sobre la arena cambia todos los días, cada día. Entiende de cambios naturales, no anda pendiente de la vida ajena.

Cioli tiene ya 82 años y si no se le mira algún desmelene de la piel bajo el moreno, no se nota. Su cara es de muchacho. Lleva oro y platino. Me deja el reloj, un Rolex bueno que le diera, atento y gentil, Juan Hormaechea (a quien le ha dado por los comics según una amistad común) y pone 4 de Mayo del 83, a Cioli, salvador de 100 vidas.

No se puede tomar a broma a alguien que ha salvado cien vidas. Y las de 4 perros pues me cuenta cómo salvó en Somo un perro de aguas que no era de nadie, se lo dió a una buena gente de Galizano y un día en que volvió por allí, el perro le reconoció, subió a verle y le lamía. Los perros pueden ser más agradecidos que los hombres. En los cementerios de perros que yo he visitado hay múltiples testimonios de esto. Conmovedores.

Cioli sigue en su buhardilla, en donde nació, en la calle del Carmen. Fernando Calderón, vecino, le regaló un libro dedicado que Cioli estima en lo que vale. Echa de menos por la playa a bastante gente. A Fernández, el pastelero de de Lealtad; a Gerardo el de la Renfe; a Pascual Ortueta el de la canoa; y a otros. Cioli se pone triste con esto y le cambio la conversación. Lo cirros nos amenazan, pero todavía andan sobrevolando Astillero.

Me explica Cioli cómo bajan las mareas y se quedan muertas. Eso no le produce tristeza porque lo espera; es lo suyo. Tiene Cioli más relojes que el que le diera el alcalde Juan, pero no se los pone. Lleva, en cambio, oro y platino al cuello. Alguna vez lo ha perdido al salvar a alguien, pero lo repone. Puestas lleva tres sortijas. Todo esto son recuerdos de gentes salvadas, entre ellas una señora embarazada. Es consciente de que en aquella ocasión salvó a dos.

Cioli me dice que el mar, visto desde donde estamos, si te fijas bien, es un sedante: se puede ver el fondo y es lo que le gusta. La transparencia. Come ahí. E incluso, cuando le sobreviene el sueño, se duerme apaciblemente. Cioli y el mar, no sé cómo no ha hecho alguien alguna canción después de tanto tiempo y tantas vidas salvadas, que parece fácil pero es literalmente heróico.

Cioli ha estado enamorado varias veces pero no anoto los amores locales. Recuerda mucho a Ever, a esa sí, pues Ever había ido a Houston para aprender temas de salvamento desde Estocolmo. Cioli pone un poco cara de ensueño de niño bueno y recuerda a Ever, que tenía un bote y una casa en Somo. No ahondo en la intimidad de Cioli porque con él hay que hablar de salvamentos y cirros. También de su cariño por Vicente Higuera, de quien tuvo que llevar las cenizas al mar. Cioli vive con sus recuerdos y, día a día, vuelve a cuidar la playa, a ver los cambios, a esperar si hay que salvar más vidas humanas o de canes.

Ma cae muy bien Cioli a quien hice una larga entrevista de páginas dobles si no me equivoco cuando todos es posible que fuésemos más sensibles pues eso parece cuando nos referimos al pasado. Cioli lo recuerda. También Cioli quiere que cuando su vida de nauta pendiente, de salvador nato dispuesto en la orilla termine, le echen las cenizas al mar. (Coño, Cioli, no hablemos de eso, le digo).

Casi todo el mundo sabe que Cioli ha sido panadero en varias panaderías. No le da importancia. Su mundo es el agua y el cielo desde la atenta vigilancia de la playa. Distingue perfectísimamente entre ahogados azules o axfíticos y ahogados blancos o sincopados. Te diferencia muy bien entre la sangre mal oxigenada y los problemas de muerte por cambio de temperaturas. La conversación de Cioli muestra que no es algo memorizado sino vivido a pesar del modo en que lo expone.

Tuvo algunos problemas con el programa de Crónicas, creo que con Cárdenas, pues se reían. Joder, no es serio: Cioli se ha jugado la vida, ha salvado cien vidas, y van y se ríen. Pero Cioli, ante todo, es buena persona. No le importa que se rían. No saben de qué se ríen. Le digo que hace bien, que se echen al agua ellos a ver cómo van, se meten por debajo, salen por la otra parte, cargan boca arriba al presunto ahogado que se salva, y le traen a la playa, a lo rana, como si fuera un paseo. Es más fácil hacer un chiste malo con la cebolleta que esto. Con esto te la juegas. No es de risa.

Me dice Cioli en esta conversación -que no dudo comprendan que es filosófica- que se esperaba una tormenta y no cayó. Le digo yo que en Estados Unidos se han llevado aviones de la zona de Tampa a Alabama por el huracán que amenaza y que ahora hay que llevarlos a la patria chica de Clinton, a Arcansas. Lo comprende. Tiene una sensibilidad local de salvador de vidas que le hace enterarse de problemas en otros lugares. Cioli me informa un poco a mí sobre cirros y yo le digo lo poco que sé sobre aviones que se desplazan hacia el sur en América. No hay tanta gente que se comprenda en un repente como este, como Cioli y yo, que hace mucho que no hablábamos.

Le digo adiós. Prometo que publicaré nuestra conversación nada menos que en esa red mundial que hoy nos congrega a todos. Una cosa es lo interindividual (la conversación amistosa entre Cioli y yo) y otra lo social, en donde todos somos cualquiera. Cioli y yo, al hablar, no hemos sido cualquiera sino un par de gentes con buena voluntad, un poco orillados en el mediodía, pero dispuestos a salvarnos de las estrías de los cirros en el asubio de la comprensión y la estética preotoñal de la playa, ay, en la que Cioli cuenta las bajas...

Tiene 82 años, el reloj de Hormaechea, una sonrisa de niño bajo la visera y entiende de salvar vidas de hombres y perros sin distingos. A ver si los de Crónicas se ríen, joder, pero ni Cioli ni yo, que somos educados, decimos que se rían de su puta madre. Cosas así dice Reverte, que no quiere entrar por el aro del compromiso según leo. De esto a Cioli, ni palabra. No quiero quitarle el ensueño de su cotidiana realidad, a pie de playa, dispuesto a echarse al algua por cualquiera, aunque no tenga un trato interindividual como el mío. Cioli, gracias por tu actitud. Cuida la playa y saluda a Luis Carral si pasa con la canoa. Un abrazo.

 

Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987)

BAHÍA NATAL

Cristal feliz de mi niñez huraña,
mi clásica y romántica bahía,
consuelo de hermosura y geografía,
bella entre bellas del harem de España.

La luna sus mil lunas en ti baña
-tu pleamar, qué amor de cada día-,
y te rinden reflejo y pleitesía
montañas, cielo y luz de la Montaña.

Mi alma todas tus horas, una a una,
sabe y distingue y nombra y encadena.

De mi vivir errante fuiste cuna
nodriza, y de mis sueños madre plena.

La muerte, madre mía, a ti me una,
agua en tu agua, arena de tu arena.

Concha Espina (España, 1879-1955)
La esfinge maragata (fragmento)

" Vibra el soplo estridente de la máquina que desaloja vapor, cruje con recio choque una portezuela, algunos pasos vi-gorosos repercuten en el an-dén, silba un pito, tañe una campana, y el convoy trajina, resuella y huye, dejando la pequeña estación muda y sola, con el ojo de su farol vigilante encendido en la torva oscuridad de la noche.
(...)
Con más audaz descubre ahora las hermosuras de aquel semblante serenísimo que duerme y sonríe. La llama tembladora del fósforo quema los dedos cómplices sin que el viajero artista deje de ver y de admirar: la tez morena clara, de suavísimo color; puras las facciones y graciosas; párpados grandes y tersos, orla riza y doble de pestañas que acentúan con apacible sombra el romántico livor de las ojeras; mejillas carnosas y rosadas; correcta la nariz, encendida la boca, y en las sienes un oleaje de cabellos negros desprendidos del peinado, que caen sobre las cejas y nimban la cara como una fuerte corona...Tales maravillas cuenta la temblorosa luz al extinguirse de un soplo, semejante a un suspiro, mientras el ocioso mirón falla en silencio: —¡Admirable!, ¡admirable!—. Y se respalda en el sofá escudriñando con golosa mirada a la otra incógnita dormida. Inútilmente: la mantilla o toca que la cela el rostro, no ofrece el menor señuelo a las audacias del furtivo y galante explorador. El cual, entonces, se decide a encender su olvidado cigarrillo, y fuma con impaciente y nervioso afán, puestos los ojos y el corazón en el dulce misterio de aquella hermosa mujer. "


SANTANDER EN LOS LIBROS

Son muchos los libros que hacen referencia a la ciudad de Santander, sería una larga lista para reflejarla aquí, sin embargo en los párrafos que se muestran a continuación se ve lo más representativo de aquellos autores que han plasmado en sus letras algo de la ciudad y de su provincia:

…Dame tu brazo lector, o toma el mío, si lo prefieres y vayámonos a matar dos horas que me sobran, brujuleando por las calles de la "Muy Noble, Leal y Decidida" ciudad; que todos estos títulos ostenta en su ejecutoria la perínclita capital de la Montaña… ("Pasacalle")

…el que con solo un silbido hacía surgir detrás de cada montón de escombros media docena de los suyos dispuestos a emprenderla con el mismo Goliat; el que era indispensable al Muelle de las Naos como las ruinas a las lagartijas: El Raquero, en fin. Este era el terror de los guindillas, el aluvión de nuestras fiestas, la rana de aquellos pantanos, la lagartija de aquellos escombros…

La palabra "raquero" viene del verbo "raquear"; y este a su vez, aunque con enérgica protesta de mi tipo, del latino "rapio", "is", que significa "tomar lo ajeno contra la voluntad de su dueño"

El raquero de pura raza nace precisamente en la calle Alta o en la de la Mar. Su vida es tan escasa de interés como la de cualquier otro ser, hasta que sabe correr como una ardilla; entonces deja el materno hogar por el Muelle de la Naos y el nombre de pila por el gráfico mote con el que le confirman sus compañeros; mote que, fundado en algún hecho culminante de su vida, tiene que adoptar a puñetazos, si a lógicos argumentos se resiste… ("El raquero")

… circunstancia que corresponde a la capital de la Montaña, la forma esa muchedumbre que invade cada año durante los meses de estío, para buscar en ella quién la salud, quien la frescura y el sosiego; ora en las salobres aguas del Cantábrico, ora contemplando y recorriendo el vario paisaje que envuelve a la ciudad, mientras la raza indígena la abandona y se larga por esos valles de Dios ansiando la soledad de la aldea y la sombra de sus castañeras y cajigales… ("Tipos trashumantes")

José Mª de Pereda: Escenas Montañesas


En una casa de la calle de la Mar, de Santander, de aquel Santander sin escolleras ni ensanches; sin ferrocarril ni tranvías urbanos; sin plaza de Velarde y sin vidrieras en los claustros de la catedral; sin hoteles en el Sardinero y sin ferias ni barracones en la Alameda segunda; en el Santander con dársena y con pataches hasta la Pescadería; el Santander del Muelle Anaos y de la Maruca; el de la Fuente Santa y de la Cueva del tío Cirilo; el de la Huerta de los Frailes en abertal y del Provincial de Burgos envejeciéndose en el Cuartel de San Francisco; el de la casa de Botín, incaccesible, sola desahabitada; el de los Mártires en la Puntida y de la calle de Tumbatrés…del Chacolí de la Atalaya y del cuartel del Reenganche en la calle Burgos; del parador de Hormaeche y de la casa del Navío; el Santander de aquellos muchachos decentes, pero muy mal vestidos, que con un bozo en la cara, todavía jugaban al bote en la Plaza Vieja…; del Santander que yo tengo acá dentro, muy adentro, en lo más hondo de mi corazón y esculpido en la memoria de tal suerte, que a ojos cerrados me atrevería a trazarle con todo su perímetro y sus calles y el color de sus piedras, y el número y los nombres y hasta las caras de sus habitantes…

Malo es el Sur desencadenado para tomarlo las lanchas de vela, pero es más temible que por eso, por lo que suele traer de improviso: el galernazo, o sea, la virazón repentina al Noroeste.

José Mª de Pereda : Sotileza (M.Tello)


…Pintoresca ribera contiene el espacioso lago desde la escollera extrema de uno y otro muelle. Allá, al Este, avanza el cabo San Martín y su inútil batería; un peñón que parece desprendido de la costa, asoma en medio de las aguas; llámanle los marineros San Mamés, y con este nombre y en aquel paraje, pinta Brawn, en su Santander del siglo XVI, un islote con una ermita y un puente que le une a San Martín…

…Estos cabos y promontorios cierran la vista de la boca del puerto; más allá de ellos se dibujan las tierras de la otra parte; el pálido arenal de las Quebrantas, cementerio de náufragos…

… Dos mares tiene Santander que enseñar al forastero: el mar casero, doméstico, útil, manso, apacible a los ojos y al oído, la bahía que hemos visitado; y el mar libre, bravo, proceloso indomado y rebelde…

Amós de Escalante: Costas y Montañas (Santander). - M.Tello


… Mar afuera y pegado a ella cabo Mayor la domina, recortando en el ambiente azul su perfil extraño al que los zumbones en días de la francesada titularon la nariz de Wellington…

… La arena menudísima semeja blando tapiz para delicados pies de mujer; el agua cristalina, dorada por el sol del cielo y el color del suelo, parecer teñida con ámbar para aromado baño de náyades…

… Soplaba el Sur y el mar hervía. Fondeada frente al muelle, una goleta, de vapor largó en popa el pabellón de guerra; se mecía y cabeceaba sobre su cadena, como lebrel atado e impaciente…

Amós de Escalante: En la playa (Acuarela). - M.Tello


… En el estado de nuestro ánimo se nos presentó como un paraíso la ciudad cantábrica, que en aquel tiempo bien podía llamarse la "ciudad harinera", porque su hermoso puerto se veía poblado de buques de vela cargando harina o descargando los ricos frutos coloniales…

… A los dos días de vagar por la ciudad y sus alrededores, probando distintos alojamientos, nos instalamos definitivamente en una casita del alto de Miranda, donde pagábamos dos pesetas por habitación y comíamos por nuestra cuenta…

…Lo restante del día lo empleábamos en largos y deleitosos paseos; ya nos extendíamos hasta Cabo Mayor y desde lo alto del faro contemplábamos el mar en toda su majestad y bravura, o bien, después de recrearnos en las hermosuras del Sardinero, íbamos a coger azucenas y clavellinas silvestres a la península de la Cerda…

Benito Pérez Galdós : Episodios Nacionales (Perlado, Paez y Compañía)


… Lo primero que noto, al ir llegando a la capital de la Montaña, es cuanto se parece a mi pueblo natal. Aquí como en Marineda, el tinte de aridez del paisaje que rodea a la ciudad lo compensa la despejada y alegre disposición de la bahía, las curvas graciosas de los terraplenes, que, ya esconden con coquetería, ya muestran con orgullo el azul verdoso del Océano…

… Merecen visitarse en Santander cinco cosas notables - dos más que en Orense, - a saber: la iglesia subterránea del Cristo, la biblioteca de Menéndez Pelayo, la Estación de biología marítima, el Sardinero y el palacete de Galdós. Dejo en el tintero la estatua de Velarde, porque, aparte del glorioso recuerdo que consagra, es de bien escaso mérito artístico…

… Solo nos quedan instantes para recorrer el Sardinero, sus hoteles, su bien adornado Casino, su pinar de la Alfonsina, que soñó con ser sitio Real…

Emilia Pardo Bazán : Por la España pintoresca - viajes - Santander (López editor)


…Estamos en Santander ¿Hacia donde dirigiremos nuestros pasos?. Dejad los planos; dejad las guías; no preguntéis a nadie. Tal vez en el vagar a la aventura por el laberinto de las calles es el mayor placer del viaje…

… Y entráis en la catedral. La catedral de Santander es sencilla y pequeña; más en su misma pequeñez y austeridad tiene un poderoso atractivo que no poseen aquellas otras suntuosas y anchas…

… La calle Blanca y la calle de San Francisco son una misma calle; la llamaremos a toda ella la calle Blanca… La calle Blanca es una calle estrecha, torcida, embaldosada, formada por dos líneas de casas altas y viejas llenas de tiendas y bazares en sus pisos bajos… Si sois artista, venid aquí; paseaos por la calle Blanca, o por el Zacatín o por las Platerías, a la hora del crepúsculo…

…Si vivís en el Sardinero, otro espectáculo se os va a ofrecer, a las nueve, a las diez, cuando la noche vaya avanzando. Esta es la hora que podríamos llamar de las ventanas iluminadas y que podría dar tema para un hermoso libro a un poeta que fuese a la vez analizador y fantasista…

…El faro de Cabo Mayor prosigue con su parpadeo lento. ¿Qué dice con su luz en este momento este faro? ¿A qué espíritus perdidos en la inmensidad habla? ¿Qué ojos le miran desde la noche infinita y qué ansiedades y conturbaciones aplaca?. Acaso en las tinieblas inconmensurables que se abren delante de vosotros, divisáis una microscópica lucecilla… (Una ciudad)

...Será preciso marcharse de la playa, pasear por la costa, tomar el tranvía. Tomar el tranvía me parece una idea excelente. Yo lo tomo; yo llego a Santander y voy caminando por los muelles. Aquí veo unos pescadores. Los pescadores son seres estimables; los pescadores nos enseñan la paciencia; procurad también, si estáis un poco fatigados de vuestras mujeres, el dar un pequeño paseo junto a los pescadores… (El pez y el reloj)

Azorín : Los pueblos, ensayos sobre la vida provinciana. (Editorial Planeta)


…Renuncié a mi destino y me volví a Santander. No podía más. La nostalgia del Muelle y de la Alameda, de la guantería de Alonso, del Teatro Principal y de cierta niña más principal aún me estaba consumiendo la entreña, me estaba dejando amarillo y lacio…

…De las cenizas, digámoslo así, de los "bailes campestres" nacieron las veladas del Casino del Sardinero. No puede decirse, en verdad, que fue un buen día cuando vinieron al mundo; nacieron, por el contrario, de un chaparrón. Sobrevino éste como a media tarde de un día veraniego; la gente que paseaba por el Sardinero en aquel espacio que llamábamos el "Pañuelito" corrió a ponerse "a subio" en el salón del primitivo Casino, donde a alguien se le ocurrió preludiar en el piano un aire de vals, rigodón o mazurca…

… Ya no se va a rezar, al menos solemne y oficialmente como antes, ante el monumento que conmemora la horrible explosión del "Cabo Machichaco". Ya no parece sino que muchos de los santanderinos que aún respiramos no hemos visto nunca volar raíles y viguetas sobre el tejado de la Catedral, ni hincarse un ancla en el suelo de la Plaza Vieja…

Enrique Menéndez Pelayo: Memorias de uno a quien no sucedió nada (Librería Nacional)


...En las plantas bajas de las casas del muelle había antiguos cafés: El Ancora, el Suizo, donde había reuniones de comerciantes y militares y se jugaba desafortunadamente al chamelo y metían un gran ruido con las fichas, como si quisieran romper el mármol de las mesas. En estos cafés parecía prohibida la entrada a las señoras, pues no se veía más que, como cosa exótica, alguna extranjera o forastera…

… Hoy el muelle se ha convertido en un hermoso paseo; sus andenes se han ensanchado, tomando terreno al mar a su derecha; se ha construido un espacioso jardín, en el que hay un templete de música muy sólido, pues el antiguo se lo llevó el viento Sur y en que está también la estatua de Pereda…

… A la caída de la tarde, Puerto Chico presentaba una gran animación; era la hora en que las traineras traían el pescado y la gente conocida de la ciudad que volvía del paseo para ir a rezar el rosario a la iglesia de Santa Lucía se entretenía, para hacer tiempo, viendo llegar a las barcas. Las mujeres de los pescadores se metían las faldas entre las piernas, bajaban con los pies descalzos unas escalerillas de piedra y con un cuchillo abrían las entrañas a los pescados, y metiéndoles las manos tiraban las tripas al mar; al concluir la limpieza quedaba un gran trozo de agua al lado de las barcas teñido de sangre…

José Gutiérrez Solana : La España negra - Santander


…Ahora voy a dar un paseo sentimental y retrospectivo por aquel Santander de fines de siglo, "puebluco" más que pueblo; pero "puebluco" simpático y cordial, sobre el que cayó como un castigo de remotos pecados la lluvia de fuego de la explosión del "Machichaco".

En la calle de Atarazanas existía el antiguo puente de piedra, más corto que el actual de cemento, que le substituyó ya en el siglo XX y siendo alcalde don Luis Martínez…

…Todas las plantas bajas de la Ribera estaban ocupadas por pequeños comercios, de telas principalmente… Aquello tenía un aspecto de zoco, que se formaba con el bullicio, algarabía y la suciedad de la Plaza del Pescado, cuyos puestos se hallaban instalados al aire libre. En aquellos días venturosos el pescado no tenía apenas precio y era el manjar obligado de los pobres…

…Las pescadoras expendían su mercancía en las dos aceras de la calle de Somorrostro, bajo unos toldos de lona que daban la sensación de velas de barco. Cuando estas velas se hinchaban de viento, parecía que la calle entera navegaba…

…¡la Feria! Se dice pronto lo que era la Feria de Santander en aquellos años… La víspera de Santiago tenía lugar por la noche la inauguración oficial de la Feria. Todos los arcos estaban ya encendidos y del Ayuntamiento o de la Plaza de Pombo salía un cortejo, en el que figuraban carrozas alegóricas…

José del Río Sainz: Memorias de un periodista provinciano - La infancia (Tantín)


… Cuando el sur ha terminado lo que él cree su misión, se retira por la bambalina de las montañas, lanzando aún su "búu", para que no nos creamos que se va del todo. Entonces comenzamos a poner en orden las cosas que este mamarracho nos ha desordenado; podemos ya ir a Pedreña por ese camino de la bahía que tiene todo el tono de un sendero de una mies, en la que la lancha de "Los Diez Hermanos" es como un carro campesino cargado de cosas campesinas…

… Muchas circunstancias pueden ser parte al nacimiento de una palabra. Pero la más directa y simple es, sin duda, el nacimiento de esta palabra "macandro" sobre las tablas del muelle de Santander….Un "macandro" es , en Santander, desde hace más de treinta años, un barco con la máquina a popa y los dos palos a proa…

Víctor de la Serna : España, compañero - Loa de la Montaña (Ed. Prensa Española)


…Se continúa con la calle Alta, y ésta sí está ungida por la evocación literaria más ilustre. En ella vivían los pescadores de Sotileza y desde ella se descendía a la dársena, pues entonces la bahía llegaba hasta donde están hoy enclavadas las estaciones. La comunicación del barrio alto y las riberas de la bahía no era fácil, sobre todo según se iba ganando terrenos a las aguas y al fin se resolvió con la construcción de la rampa que por terminarse en los días de la publicación de la novela, y justificado está sin coincidencia, se llamó y se llama de Sotileza…

…Para Enrique Menéndez, lo era de la calle de San Francisco. En un delicioso cuadro nos la presenta con su concurrencia de cada hora… Enrique Menéndez Pelayo ha de llamarla "taller de los despreocupados, reposo de los activos, salón del trono de las incomparables reinas de la aguja y la tijera, confidente de amores fáciles y ayuda de los difíciles, centro y compendio, en fin, de la vida santanderina"…

José Mª de Cossio : Rutas literarias de la Montaña - Santander


…La verde y civilizada tierra de Santander. Castilla, por Santander, no parece Castilla. Castilla, por Santander, tampoco se parece a Galicia, o a Asturias o al País Vasco. Castilla, por Santander, se parece a Holanda y, a veces, a Suiza.

…Santander es tierra curiosa y rica para el arqueólogo y para el genealogista, para el antropólogo y para el sociólogo, para el agricultor y para el industrial, y hasta para el anticuario, para el turista y para el veraneante. A Santander, a la verde y civilizada tierra de Santander, de sobrarle algo, le sobran posibilidades…

…Al vagabundo, Santander, con La Coruña y Cádiz, se le antoja una de las tres ciudades más bellas de España…

… Las chicas de Santander tienen fama de ser muy monas. Una chica mona es una mezcla de elegantina, pizpireta, de cara simpática y de buena andadura. Las chicas monas no precisan ser guapas, les basta con el aire, como a los valses…

…La salida de Santander es algo que más valiera hacerla con los ojos cerrados. Muy de mañana, el errar sobre las desiertas playas del Sardinero y de la Magdalena, es un espectáculo del que la vista no se cansa jamás. El aire es claro, el cielo está veladamente limpio, la mar aparece tersa y encalmada y la temperatura, para que nada falte, se siente como refrescada por una brisa suave que viene de la bahía…

Camilo José Cela: Del Miño al Bidasoa. (Ediciones Destino)


…Atravesamos la plaza de Italia entre los veladores del Bar Lisboa. Todo estaba repleto. En el Casino se bailaba y las parejas paseaban por la terraza, bajo la multitud de bombillitas de colores. Apenas corría brisa… Subía por la Avenida de los Hoteles y se oía la música de La Cabaña. La noche era tibia. Bailaban bajo los pinos…

… De pronto, la ciudad al fondo se me antojaba que tenía la forma de una muchacha acostada junto al mar. Desde el lugar en que me hallaba podía ver también el Sardinero, con sus playas; el Palacio Real, casi al alcance de la mano… El sol era como una caricia…

… Los vehículos aparcaban al pie del faro. Había gente. Los turistas se asomaban a la terracilla y contemplaban el mar batiendo los acantilados. Soplaba un viento fuerte y marinero. Desde el mirador podía presenciarse la puesta de sol y el anchuroso Cantábrico, embravecido…

Manuel Arce : Oficio de muchachos (Planeta)


… Era aquel el barrio más antiguo del Santander medieval, crecido en torno a la Catedral; a un lado, las callejas subían cuesta arriba, dividiéndose entre prostíbulos y casas pobres, que nunca se mezclaban, y al otro se bajaba hacia el puente, que comunicaba las dos alturas habitadas por los primeros santanderinos, tendido sobre el antiguo brazo de mar que dejaba antes a la catedral erguida sobre una isla y era ahora la espina dorsal de la ciudad…

Jesús Pardo : Ahora es preciso morir (Seix Barral)


… En aquella ciudad había dos vientos, uno de derechas y otro de izquierdas. Y la ciudad permanecía entre los dos, dudosa, alumbrada y trompa gracias a los dos, entretenida de ambos. Uno era el viento meón de las lloviznas y los curas que enfermaba los cocidos de alubias de todas las cocinas de las vegas. El otro era el grande, el viento incorruptible, verde y viejo, incendiario y alcohólico que soplaba en las rajas de los culos y sacaba a la calle el mal olor de los retretes…

Alvaro Pombo: Relatos sobre la falta de sustancia - Tio Eduardo (Anagrama)


… Veraniegos eran los tamarindos de Piquío, incomprensibles y lejanos en otras estaciones, y las piedrecitas de colores entre las losas de El Sardinero, cuyos senderos familiares no distraían a Jorge Semprún y a mí del París de las conspiraciones…

…En Santander el sol no es, por fortuna, sino un atuendo para recibir a las visitas. La ciudad está amurallada por el viento y las lluvias. Quizá por eso no les hagan falta cortinas o visillos a sus ventanas, a sus miradores. Su discreción, su hermetismo, tienen confines naturales. Dentro de ellos proliferan los personajes singulares, los chistes y los motes. En un espacio social abierto o desguazado estas figuras y figuraciones resultarían indescifrables.

Jesús Aguirre : Santander sitio de los vientos - Casi ayer noche (Turner)


…Unas furtivas palabras al oído, susurradas al son de algún bailable de los llamados lentos, un tacto de manos en la Sala Narbón, sesión de tarde, algún gesto cómplice durante la última excursión…dieron pie al muchacho, quien a pesar de las dudas de última hora, se atrevió a proponer con éxito un paseo en pareja por el Sardinero. Salida en autobús desde Correos, parada frente a la primera playa y, entre abundantes silencios, llegada a los jardines de Piquío. Allí, bajo algún tamarindo, sentados sobre un banco de madera frente al mar del que se oía apenas el ritmo tranquilo de las olas, la sublime decisión…

Joaquín Leguina : Piquío (Tribuna)


Bibliografía:

Santander, guía Geoliteraria - Carmen Gil de Arriba (colección Pronillo - Ed.Estudio)
De la web: Santander, ayer y hoy (interesante para obtener más datos de Santander)


-¡Más!..., ¡más! -gritaba a los extenuados remeros, porque había llegado el momento decisivo.

Y los remos crujían, y los hombres jadeaban, y la lancha seguía encaramándose, pero ganando terreno. Cuando la popa tocaba la cima de la montaña rugiente, y la débil embarcación iba a recibir de ella el último impulso favorable, Andrés, orzando brioso, gritó conmovido, poniendo en sus palabras cuanto fuego quedaba en su corazón:

-¡Jesús, y adentro!...

Y la ola pasó también sin reventar, hacia las Quebrantas, y la lancha comenzó a deslizarse por la pendiente de un nuevo abismo. Pero aquel abismo era la salvación de todos, porque habían doblado la punta de la Cerda y estaban en puerto seguro.

Fragmento de Sotileza de José María de Pereda (para leer en lo alto de la Península de la Magdalena)