La región ofrece numerosas opciones de ocio para los días no soleados.
El abanico cultural se complementa con las rutas de senderismo
JUAN DAÑOBEITIA. Diario Montañés
Conocer de cerca la idiosincrasia de las gentes del Pas, caminar entre las pinturas
de bisontes con más de 15.000 años de historia, disfrutar con la
visión de los animales en libertad de Cabárceno o pasear entre los
adoquines que antaño formaron las calzadas romanas. Cantabria ofrece mucho
más que sus playas y, a pesar de que la climatología no corresponde
a lo que se entiende por verano en el sur de España, la belleza y variedad
de sus posibilidades hacen de esta región un lugar ideal para pasar unas
buenas vacaciones.
Con una rica oferta, mezcla de ocio y cultura, Cantabria recibe a sus visitantes invitándoles a vivir separados del mundanal ruido durante el periodo que cada cual elija. En los días en que el sol se esconde tras las nubes, aparecen actividades tan dispares como las rutas a pie por los senderos o los itinerarios culturales.
Entre estos últimos, cabe destacar ocho posibilidades diferentes, comenzando, por poner un ejemplo, con el recorrido por las famosas colegiatas romanas. San Martín de Elines, Castañeda y Cervatos acogen este tipo de edificaciones. Pero, sobre todas ellas, destaca la de Santillana del Mar, cuyo origen se remonta al siglo VII y que embellece aún más el paisaje de un pueblo que a cada paso recuerda tiempos medievales. Y todo merced a una arquitectura profundamente cuidada.
Completando el Patrimonio artístico-religioso de Cantabria se encuentran las diferentes ermitas rupestres que albergan en su interior más de mil años de historia. Campoo de Ebro, Santa María de Valverde, Cadalso o Arroyuelos destacan dentro de este apartado, en el que Reinosa ha de ser el punto de partida elegido por los visitantes.
La cueva de Altamira
Pero si con una imagen se tuviera que definir el arte en Cantabria, esta sería cualquiera de los murales del interior de la Cueva de Altamira, descubierta hace más de cien años por Marcelino Sanz de Sautuola.
A pesar de que la caverna original se encuentra cerrada al público por miedo a su deterioro, muy cerca de Santillana del Mar está el Museo de Altamira, donde se encuentra la 'Neocueva', una fidedigna reproducción abierta a los visitantes. El Castillo en Puente Viesgo, Covalanes en Ramales de la Victoria, Chufín en la cuenca del Nansa u Hornos de la Peña en Tarriba -San Felices de Buelna- completan una amplia y variada oferta subterránea.
Siguiendo con los pedazos de la historia que regala Cantabria, se encuentran los guiños al Imperio Romano. La ciudad de Julióbriga, la calzada que parte de Herrera de Pisuerga -Pisoraca- hasta Suances -Portus Blendium- o el yacimiento de Camesa en Rebolledo son tres ejemplos que recuerdan el paso de la antigua Roma por la región.
En este paseo por Cantabria no puede faltar una visita al corazón pasiego. Vega de Pas, San Roque de Riomiera y San Pedro del Romeral constituyen un núcleo que, a día de hoy, continúa impertérrito frente al paso del tiempo. Desde sus paisajes de praderas infinitas, al deleite de su particular arquitectura, esta cultura incluso ha inspirado a directores de cine como el propio Manuel Gutiérrez Aragón y su reciente película 'La vida que te espera'.
Por último, dos rutas: la de Carlos V y la del agua. La primera, rememora el retiro a Yuste del monarca y da comienzo en Laredo. Colindres, Limpias, Ampuero y Rasines separan a la villa pejina de Ramales, punto final de la marcha.
Con respecto a la segunda, el caminante ha de emplear varios días para su completo disfrute, pues los más de 200 kilómetros de costa de la región, hacen que la riqueza hidrológica sea más que considerable. Quienes elijan esta opción terminarán por interrelacionarse con conceptos y maquinaria tales como los molinos, las ferrerías, los batanes o pisas y los faros.
Cabárceno
Pero la oferta cultural de la región no olvida a los más pequeños y, para ellos y sus acompañantes, cuatro opciones de lo más atractivas. En primer lugar, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno que, a 15 kilómetros de Santander y con una extensión de 750 hectáreas, se convierte en una de las mayores reservas naturales del país. En ella conviven en semilibertad jirafas, ciervos, avestruces o dromedarios, entre las más de cien especies que se pueden observar.
Siguiendo con las visitas infantiles a los parques naturales, no se puede obviar el Zoo de Santillana donde además del reptilario, el terrario o el acuario, se puede disfrutar de un jardín de mariposas en el que viven cientos de estos insectos tropicales en libertad.
En tercer lugar, el Poblado Cántabro de Argüeso, reproducción de un poblado de la Edad del Hierro, cuya contemplación nos transporta 2.000 años atrás.
Y, por último, la cuevuca de la mitología, en Santillana, donde se trata de presentar, de una manera amena y divertida, a algunos de los personajes más conocidos de la Mitología cántabra.
Senderismo
Y si en el aspecto más cultural de la región, la oferta es muy amplia, no lo es menos para aquellos amantes del senderismo.
El listado se divide en dos grupos. El primero lo conforman ocho senderos de los denominados de Gran Recorrido. La Reserva del Saja, los Campurrianos, los Blendios, el Corredor Oriental de Cantabria, la senda de los valles, el sendero del Ebro, la Ruta de la Reconquista y el sendero Histórico son las opciones que regala la región a aquellos aventureros que decidan mezclar belleza y deporte.
En el terreno de los senderos de pequeño recorrido, el listado se amplía hasta los 72 caminos, repartidos a lo largo y ancho de Cantabria. Todos y cada uno de estos recorridos han sido homologados por las federaciones Cántabra y Española de senderismo y están perfectamente señalizados para facilitar la ruta al visitante.
Pero para conocer Cantabria es necesario un coche y muchas horas de carretera, pues es en los pequeños detalles en los que se ampara la belleza de esta región. Conducir por el Desfiladero de la Hermida hasta llegar al Teleférico de Fuente Dé, caminar por las calles de Comillas y encontrarse con 'El Capricho' de Gaudí, o la imagen que conforma el ocaso del sol desde el monte Sejos.
Tres ejemplos, pero que podrían ser miles, pues no es justo olvidar el trabajo de las lonjas pesqueras, el paisaje del mar en los días de viento y lluvia, o cualquiera de los museos que cohabitan con las gentes de Santander, como el Marítimo del Cantábrico o el de Prehistoria.
Cientos de opciones y todas lejos de los cientos de
playas de la región, porque Cantabria ha sabido hacer frente a las inclemencias
del tiempo.