El regreso
a lo cotidiano y las buenas intenciones
JUAN CARLOS ZUBIETA IRÚN/TALLER DE SOCIOLOGÍA. UNIVERSIDAD DE
CANTABRIA
Publicado en El Diario Montañés del 09-09-06
Para muchos han concluido las vacaciones. Y otros muchos no las han tenido. Si sólo nos fijamos en los medios de comunicación y en cierta publicidad llegamos a la conclusión que todo el mundo ha estado de vacaciones y ha sido feliz, inmensamente feliz. Las imágenes de la televisión y el relato de los periódicos muestran, de forma abrumadora, a gente muy satisfecha: todo es fiesta, alegría, diversión. Y no, desgraciadamente, para muchos el verano no es sinónimo de luz, no es un tiempo de descanso. Aunque no lo muestre la televisión, a nuestro lado mucha gente sufre. Ya sé que no es de buen gusto recordarlo, comprendo que algunos de ustedes me llamen aguafiestas, pero es la pura verdad, y en el fondo todos lo sabemos. ¿Se imaginan lo que 'pesan' esos frescos reportajes de verano en las personas que están solas, sin nadie que les abrace, en los enfermos, en los que no tienen trabajo, en los que carecen de horizontes?
Una de las fotografías que más me han impresionado estos días es la de los inmigrantes desfallecidos en la playa canaria y a turistas tratando de ayudarlos. El contraste es tan fuerte que hace daño: mientras unos disfrutan bronceándose, los negros se juegan la vida, y muchos la pierden, por poner el pie en el paraíso. Los desarrapados del mundo vienen a interrumpir nuestro descanso, y como tarjeta de visita traen una camiseta del Real Madrid. Y los políticos discuten sobre lo caro que resulta mantener a un menor en un centro de acogida y si se envían a más inmigrantes a una región u a otra, ¿no les dará vergüenza?
El anuncio de Viajes Barceló es magnífico: "Las vacaciones sirven para crecer, para volar, para reír, para aprender, para vivir todo lo que no has podido durante el resto del año", ¿pondrán ese anuncio en las playas donde salen los cayucos?
Todos los años en estos días algunos periodistas consultan a expertos a propósito del llamado 'síndrome post-vacacional', ya saben: que después de estar varias semanas sin trabajar y divirtiéndonos, es duro madrugar, permanecer una hora en el atasco y tener que enfrentarse a un trabajo insatisfactorio, y, claro, lógicamente, eso nos pone de mal humor, dormimos peor y, en definitiva, no nos sentimos bien. ¿No les suena un poco frívolo? ¿Por qué no preguntan cómo se sienten las personas que no han tenido vacaciones, o las que las han tenido pero se han encontrado solas -en ocasiones teniendo al lado a otras personas-? ¿Será que deja un mal sabor de boca que nos hablen del malestar profundo de mucha gente?
Y ahora de nuevo comienza el ciclo, y con él nos llenamos de buenas intenciones: nos apuntamos al gimnasio, iniciamos el curso de inglés, comenzamos una colección por fascículos y nos hacemos mil propósitos: "a partir del lunes " Y para animarnos la máquina comercial presenta las nuevas colecciones de ropa de otoño: ya se sabe, estrenando una chaqueta, poniéndonos guapos, nos sentimos mejor, al menos eso parece decir El Corte Inglés. Mucha gente quiere cambiar su vida, aunque después la transformación se limite al cambio de ropa y a ordenar la casa con la estantería comprada en IKEA. Perdón, no quiero ser irónico; es normal, todos necesitamos animarnos y coger fuerzas para enfrentarnos a lo que en muchos casos es una gris cotidianeidad; además, por otra parte, debemos admitir que para hacer cambios drásticos es necesario correr riesgos y tener fuerzas, y en contraste, nos han educado para ser conformistas, para someternos, para dejarnos llevar por la corriente.
Está muy bien que nos hagamos el propósito de cambiar. El deseo de mejorar es un rasgo de lo humano. Creer que en cierta medida somos dueños de nuestro destino nos da fuerzas y nos hace defender nuestra libertad. Pero, como sabemos, el cambio tiene un coste; romper las inercias exige un esfuerzo; romper con algunas situaciones produce heridas. Por otra parte, la sabiduría popular ha subrayado que: "El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones"; es decir, con demasiada frecuencia dejamos la dieta a la semana de comenzarla, interrumpimos el curso de idioma al cabo de un mes, posponemos la gimnasia para la próxima semana y se olvida el propósito de estudiar desde el primer día de curso. Ya se sabe: "Del dicho al hecho hay un trecho" y la pereza y los obstáculos cotidianos atacan. En fin, ojalá cada uno de nosotros sea capaz de cumplir los sueños con que iniciamos septiembre. Por otra parte, no estaría mal que a nivel colectivo, como sociedad, también nos propusiéramos una serie de metas y diésemos los pasos para su logro. Entre ellas quizá convendría acordarnos de algunos valores y pautas de actuación que siempre deberían estar presentes y que la sociedad capitalista y de consumo de masas nos hace olvidar.
A vuela pluma se me ocurre lo siguiente: ¿No estaría bien que los dirigentes políticos de España y de nuestra región se olvidasen de sus intereses partidistas, dejaran de descalificarse por todo y, de vez en cuando, trabajasen conjuntamente a favor del bienestar de todos los ciudadanos? ¿Seremos capaces de construir una sociedad vertebrada, donde sea un hecho la solidaridad entre comunidades, regiones, pueblos y grupos humanos? ¿Nos convenceremos todos de que los inmigrantes son seres humanos como nosotros y les acogeremos en nuestra tierra verdaderamente como a iguales? ¿Dejaremos de dar la espalda a la Naturaleza y caeremos en la cuenta de que no somos dueños de la tierra? ¿Daremos pasos para construir ciudades y pueblos a la medida del hombre y no pensando en el coche y en el edifico emblemático? ¿Aprenderemos a convivir? ¿Nos comunicaremos con el de al lado? ¿Se tomarán medidas eficaces para que concluya la especulación y que los corruptos y sinvergüenzas sean denunciados? ¿Cuándo lograremos que termine el drama indecente de la violencia doméstica? ¿Nos acordaremos de las personas que están sufriendo a nuestro lado?; sí, en el piso de abajo, en la calle de al lado, a la vuelta de la esquina, hay gente que no tiene la misma suerte que nosotros y lo pasa mal (pero pensamos que vivimos en una sociedad muy desarrollada y todo el mundo afirma ser solidario). ¿Caeremos en la cuenta de que no vivimos para trabajar y que hipotecar nuestra vida para comprar lo que nos ofrece el gran almacén es una estupidez?
Seguro que cualquiera de ustedes es capaz de añadir muchos más propósitos a la lista anterior, y seguro que la gran mayoría estaríamos de acuerdo con las nuevas sugerencias; si esto es así sólo nos queda la tarea de dar los pasos para que esos deseos se conviertan en realidades.
Sé que algunos me podrán acusar de ingenuo, pero no soy yo quien ha dicho que los sueños, las utopías y las metas ambiciosas son lo que hace cambiar y avanzar al mundo y a los seres humanos. Además, opino que puede ser más oportuno volver una y otra vez sobre los asuntos apuntados más arriba que prestar atención a los avatares de la folclórica y su novio, al fichaje de un delantero, al nuevo modelo de automóvil, a los penúltimos intercambios de insultos entre políticos o a la última aparición pública del candidato a las próximas elecciones (algunos ahora se acuerdan de los ciudadanos y ensayan su mejor sonrisa, el problema que tienen es que se les nota mucho su egoísmo). De todos estos acontecimientos sí podemos prescindir, diría incluso que es sano.