Atrás Escuela y cybercafé


LUIS SÁNCHEZ DE MOVELLÁN DE LA RIVA./UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID



La misión fundamental de la escuela es la de preparar a los seres humanos para el mundo que les ha de tocar vivir. La escuela actual, con una fundamentación muy 'clásica', entrena a los niños y a los jóvenes para una realidad altamente cambiante y vertiginosamente mudable. La desactualización de la formación escolar se hace mucho más grave si tenemos en cuenta que la aceleración de los cambios de la realidad circundante afecta no sólo la información sino también la propia capacidad del hombre para enfrentarla.

Si la escuela ha educado a partir del conocimiento y su división en campos, hoy ninguno de ambos constituye un requerimiento de importancia. Y no sólo porque los que finalizan la Secundaria, el Bachillerato o la Universidad van a entrar en un mundo que ya no es el que aprendieron, sino porque, fundamentalmente, carecen de la flexibilidad necesaria para enfrentarse a lo inusitado, a lo nuevo, a lo desconocido. Si la escuela ha educado y educa en el 'qué', en los contenidos, hoy el desafío es imaginar una formación que prepare para el 'cómo', para la forma de abordar los problemas, las interrogantes. Si el principal propósito de la escuela ha sido y aún es el preparar para responder, el reto actual es entrenarse para preguntar, para cuestionar.

Vista hoy la interactividad de Internet, lo que se revela necesario es saber buscar las respuestas, es saber 'navegar' en la Red. Y, lo que es más importante, saber diseñar nuevas soluciones para los siempre nuevos problemas que nos plantea la nueva sociedad del conocimiento.

Parece que dos cosas son necesarias como base del nuevo entrenamiento escolar: aprender a buscar y aprender a proponer diferentes alternativas. Es decir, lo que se impone es una escuela donde se enseñe a aprender. Aprender lo humanístico y lo científico, pero también abrirse a la multiplicidad de propuestas que enriquecen con enigmas la comprensión de las cosas. Todo lo disponible enriquece la toma de decisiones.

Otro problema es el heredado de la cultura ilustrada basada en los libros. Se piensa que aprendiendo en los libros el estudiante se prepara para integrarse en la sociedad, mas si esto podía ser aceptable en los dos últimos siglos, hoy -y cada vez más- el aprender sólo por libros constituye un enorme obstáculo para afrontar y participar en un mundo de cambios vertiginosos y exponenciales.

Sin intentar jugar a profeta paidético, ya intuimos que la formación de los jóvenes va a pasar más por el know how (saber cómo) que por el empleo de fórmulas aprendidas. El manejo de lenguajes informáticos, con la creciente complejidad que supone, irá guiando a los alumnos hacia sus áreas de interés cognoscitivo. Los planteamientos pedagógicos actuales, sea en los institutos o en las universidades, resultan obsoletos e incapaces de enfrentarse a las nuevas realidades tecnológicas e informáticas.

A la hora de abrirse los debates sobre la educación se discute en torno de cambios de contenidos, de metodologías de aprendizaje, de agrupación de alumnos por centros de interés, cuando no de la mejor remuneración de los docentes o de la necesidad de modernizar infraestructuralmente las escuelas. Sin embargo, la discusión o el debate que requiere la educación ha de ir por otro camino: el de preguntarse por el cambio de sensibilidad de las nuevas generaciones.

Es obvio y evidente que los niños tienen, cada vez más, sensibilidad intelectual 'digital'. La sensibilidad analógica propia de la Galaxia Gutemberg representa, cada vez menos, los nuevos requerimientos. Mas la escuela y la Universidad actuales siguen montadas sobre un modelo arcaico que supone: división por áreas, partición en materias o disciplinas, suministro de raudales de información, avance por cursos, etc. Todo ello lastra las instituciones educativas sin permitirlas una ligereza y flexibilidad que las permita adaptarse a los modos altamente cambiantes de la nueva cybersociedad.

La aparición de la informática está revolucionando desde los cimientos la sensibilidad Gutemberg y los jóvenes, desde pequeños, están adquiriendo una educación paralela, parainstitucional, que atiende a los nuevos requerimientos. Hoy no es extraño ver a niños de dos o tres años comenzando a hacer escarceos con una computadora. Ellos no buscan algo determinado -como lo haríamos nosotros- sino que simplemente 'navegan' intuitivamente al impulso de lo que aparece. Incluso los más grandes, aun cuando vayan tras una determinada información, su búsqueda también está abierta a lo que vaya surgiendo, formándose, de este modo, la 'sensibilidad digital'.

La escuela tradicional ha ido incorporando la informática, pero lo ha hecho al servicio de su programación rutinaria. Concibe el ordenador como un instrumento facilitador, pero no crea o estimula ámbitos idóneos de orientación y ayuda para la 'navegación' en la Red. Lo que se tratará de encontrar es una forma institucional representativa de la nueva sensibilidad, y aquí nos encontraremos con la actualísima figura del cybercafé.

No hace mucho tiempo han comenzado a aparecer en todo el mundo occidental los cybercafés. En estos locales 'futuristas' se reúnen los jóvenes en torno de múltiples pantallas para operar diferentes búsquedas. Lo más notorio es que no es necesario la agrupación por edades; tampoco que el centro de interés sea constante. De un grupo que 'navega' por ciertos programas, se pueden desgajar subgrupos que se trasladan a ordenadores vecinos para participar en otra 'navegación'.

¿Qué innovaciones supone el cybercafé? En primer lugar, que no hay grados de conocimiento; en segundo, que no hay agrupaciones de edad; en tercero, que no hay obligación de asistencia; en cuarto, que no hay premios o castigos, ya que lo único que existe es el incentivo de 'lograrlo'; y en último lugar, que no hay contenidos, ya que el verdadero contenido es el medio. En definitiva, que en esa avanzada tecnológica se respira un aire de libertad.

Probablemente, el cybercafé represente la forma transitoria idónea para la neoeducación. Posiblemente, la escuela actual pueda comenzar a habilitar espacios de libertad parecidos al cybercafé sin presionar a los jóvenes para que marchen por senderos estrechos y sin horizontes. Pero también serán necesarios los maestros, los docentes, cuya misión será enseñar a interrogar y a transmitir la habilidad para 'navegar'. Han de ser forjadores de la singularidad dado que lo que viene es un mundo abierto a la creatividad. Quizá la singularidad sea el nuevo nombre para la libertad y hacia ella deberá tender la neoescuela. La informática está revolucionando la 'sensibilidad Gutemberg' y los jóvenes adquieren una educación paralela, parainstitucional, que atiende a los nuevos requerimientos.

Publicado en el Diario Montañés el 18-09-04