Atrás ¿Y tú qué das a cambio?


JUAN CARLOS ZUBIETA IRÚN/TALLER DE SOCIOLOGÍA. UNIVERSIDAD DE CANTABRIA

Publicado en el Diario Montañés del 02-06-06

El hombre virtuoso hará muchas cosas en obsequio de sus amigos y de su patria, aunque al hacerlas comprometa su vida; y despreciará las riquezas, los honores, en una palabra todos estos bienes que la multitud se disputa, reservándose sólo para sí el honor de hacer el bien.

Aristóteles. Moral a Nicómaco.

No sé a ustedes, pero a mí me sacan de quicio esas personas que piden y piden y piden, pero ellas nunca dan. O lo que es lo mismo, esas que siempre cogen y nunca entregan algo a cambio. Y de este grupo los que más me enervan son aquéllos que sólo dan cuando perciben que la cuerda está a punto de romperse y, entonces, hacen un gesto mínimo para poder continuar aprovechándose. Quizá yo sea un poco quisquilloso, pero, lo confieso, los egoístas me molestan mucho; mejor dicho, para ser sincero, me desagradan profundamente. El problema está en que este tipo de sujetos cada día abunda más, o por lo menos te lo encuentras por todos los lados.

Lo saben ustedes: 'egoísmo' procede del latín 'ego': yo, y del sufijo 'ismo', y según el diccionario significa: "Inmoderado y excesivo amor así mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás". Por supuesto, próximo a este término están otras dos palabras: 'egocéntrico' y 'ególatra', y es que el egoísta se piensa el centro del universo, el punto sobre el que tienen que girar los demás y, a la vez, él mismo se adora y considera que, indiscutiblemente, todos los que le rodean deben admirarle. "Primero mis dientes que mis parientes", dice el refrán.

Sí, los caraduras están a la vuelta de la esquina, te los tropiezas a cada paso. Algunos lo saben hacer tan bien, son tan educados, ponen tan buena cara, que pasan desapercibidos o los disculpamos; hay quien tiene la habilidad de confesarlo y, con gracejo, dice algo así como: "Perdona, ya sabes que yo soy un poco cara, pero claro, como tú eres tan generoso "; es decir, haciendo como que se trata de un defectillo simpático pretende que sea admitida esta singular forma de ser, para así continuar aprovechándose, ya sin temor a ser criticado; en dos palabras, este gracioso 'inocente' lo que desea es 'barra libre'. Ya saben, se trata de esos que piensan: "échame trigo y llámame gorrión".

El recién nacido necesita absolutamente de los demás. El niño sólo puede sobrevivir si logra la atención de los adultos, de ellos lo espera todo; por tanto llora para mamar, y reclama el abrazo, el calor, el juguete y la atención; llora y llora, pide y pide. El adolescente también pide, exige, y algunos padres, equivocados, creen que la forma de demostrar su amor es dárselo todo, responder a todas sus demandas y a cualquier capricho de 'el rey de la casa'. Como resultado de esa relación paterno-filial, el niño o adolescente se convierte en un tirano, en un mal educado (porque educar es mostrar los límites y establecer normas; educar es decir ¿no!) y, en definitiva, en un inmaduro, porque un rasgo de la madurez es la responsabilidad, es saber que tenemos derechos y obligaciones, es darnos cuenta que no somos el centro del universo, es pensar en el otro y atenderle. Pues bien, el egoísta es un inmaduro, le falta crecer (también una educación muy represiva puede hacer que el individuo no confíe en los otros y, por tanto, que se encierre en sí mismo y se convierta en un egoísta).

En muchas parejas se da el caso de que uno de sus miembros se deja querer, pero él (o ella) no tira del carro de la relación. Hay individuos que 'están' en la relación, pero no aportan nada al clima afectivo, son pasivos; permanecen, pero no se esfuerzan en dar calor, en dar vida al sentimiento, pretenden que el esfuerzo de mantener la pareja lo haga el otro (todavía hay muchos hombres que siguen pensando que debe ser la mujer quien se ocupe de cuidar los afectos, todavía hay hombres que opinan que las mujeres son más sensibles y les gusta preocuparse de esos asuntos). Están cómodos y no se inmutan.

En el ámbito familiar el egoísmo resulta especialmente censurable, ya que se supone que al menos con los nuestros todos debemos ser generosos; sin embargo hay hijos, en ocasiones muy creciditos, que nunca piensan en sus padres y hay adultos que se olvidan de las necesidades de sus progenitores ancianos (al parecer muchos padecen amnesia y no recuerdan los cuidados que recibieron de ellos).

En el grupo de amigos siempre hay alguno que le cuesta invitar a cenar, pero se apunta a todas las celebraciones. Son esos compañeros que se comportan de acuerdo con la expresión: "todo lo mío, mío, y lo tuyo de los dos". No, claro que no hace falta que todo el mundo responda de la misma manera; las circunstancias personales son distintas, los recursos económicos diferentes, tenemos diversas habilidades sociales y personales, pero todos conocemos a personas que no responden a la generosidad del amigo, del compañero, del familiar, del vecino con ningún gesto, o que cuando lo hacen es a cuenta gotas y pensando en el beneficio que van a obtener más tarde.

Si salimos al 'exterior', si nos situamos en el mundo del trabajo, en el campo de las relaciones económicas, entonces comprobamos que el egoísmo es brutal: "Hay que ir con el cuchillo entre los dientes", dicen algunos, "Cuidado con tu espalda", dicen otros, "Estamos en la ley de la selva", se comenta en ocasiones. Ya sé que es una gran exageración, afortunadamente uno se encuentra con gente magnífica por el mundo. Tanto en el trabajo como en las relaciones comerciales y en el conjunto de los intercambios sociales podemos comprobar todos los días que hay mucha gente buena, honrada y que te presta ayuda cuando lo necesitas, si no fuese así, habría que acudir a Mafalda y parar el mundo para bajarnos. Pero, perdón por mi pesimismo, yo veo demasiado egoísmo. En el ámbito laboral observo a muchos que van a lo suyo de una forma escandalosa; conozco a gente que pisa al de al lado sin ningún rubor; sé de personas que utilizan al compañero; hay quienes usan al grupo o a la organización para su propio provecho; compruebo que algunos ven en todo el mundo a un competidor, y con mucha frecuencia la envidia forma parte del paisaje. Por supuesto, en el marco más amplio de la sociedad capitalista, en las relaciones económicas (y también sociales y políticas) más genéricas, la explotación del hombre por el hombre, y de unas sociedades por otras, es evidente; ya lo dijo Marx.

En su discurso inaugural como presidente John Fitzgerald Kennedy dijo una frase que ha trascendido: "No nos preguntemos qué puede hacer mi país por mí, sino qué podemos hacer por nuestro país". La idea puede aplicarse a múltiples circunstancias y tipos de relación, no sólo al ciudadano que pide y exige al Estado del Bienestar, pero que luego es reticente a la hora de pagar sus impuestos o cumplir con sus responsabilidades cívicas. Hay personas, grupos, colectivos, incluso naciones que sólo perciben sus derechos y se olvidan de sus deberes. El grupo desfavorecido también puede hacer aportaciones, también tiene que esforzarse. Hay pueblos cuyas deudas históricas nunca se satisfacen, y uno, en ocasiones, sospecha que quizá el marginado adquiere las formas de los explotadores.

Se han utilizado argumentos para defender a la actitud egoísta. Hay quien ha dicho que es necesario una cierta dosis de egoísmo para poder sobrevivir; es decir, que el egoísmo es innato: en la lucha por la supervivencia hemos necesitamos preocuparnos por nuestro bienestar y por el de nuestros parientes. También se argumenta que debemos comenzar por querernos a nosotros mismos para luego poder darnos a los demás, y que para ser personas equilibradas debemos tener autoestima. Por supuesto, todos los razonamientos anteriores son fáciles de admitir. El problema está, como casi siempre, en la medida: claro que debemos comenzar por preocuparnos por nosotros mismos, pero eso no es incompatible con preocuparnos por el de al lado. Por otra parte, junto a los principios de 'la lucha por la vida' y la 'supervivencia del más apto', utilizados como argumentos por el darwinismo social, se encuentra la estrategia del apoyo mutuo, de la colaboración, como mecanismo fundamental en la evolución. Sociólogos, etólogos y naturalistas han destacado que entre los animales son más frecuentes los casos de cooperación que los de confrontación y que el surgimiento de las formas sociales constituye uno de los grandes pasos en la evolución. Es decir, la sociabilidad es un instrumento de adaptación biológica; en términos globales, en grupo nos salvamos.

Por supuesto, el grupo, la pareja, el entorno social, nunca debe ahogar al individuo, pero éste no debe olvidar al de al lado. En definitiva, el egoísmo que rechazamos es el de los individuos que están todo el día mirándose el ombligo; el de los que sólo se acuerdan del dicho: "La caridad bien entendida empieza por uno mismo". En mi opinión hay que desenmascarar a esos que utilizan al de al lado como si fuera un 'clínex', ya saben: 'usar y tirar', y especialmente a esos que emplean la sonrisa y la cortesía para continuar aprovechándose del prójimo.

Sí, ya sé que no todos podemos ser la madre Teresa de Calcuta, pero, hombre, es que hay algunos que tienen demasiado rostro.