Inteligencia emocional

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SI QUEREMOS, PODEMOS SER MÁS INTELIGENTES

Vivimos dominados por las prisas, por la competitividad, por la desconfianza y por la incomunicación. Estamos continuamente en actitud defensiva. En consecuencia, acumulamos mucha agresividad en nuestro interior. Cualquier excusa es buena para descargarla.

En el terreno social, creemos que vivimos solos en el mundo. No pensamos en otras necesidades que no sean las nuestras. Cuántas veces parece que nos vaya la vida en adelantar a ese coche, en entrar los primeros por la puerta, o en un ascensor público. No saludamos, no sonreímos, no respondemos a preguntas o comentarios de extraños, olvidamos el "gracias" y el "por favor"… Nos cuesta disculparnos, no cedemos el paso, nos impacientamos detrás de alguien que camina *demasiado despacio*...

¿A dónde vamos con tanta prisa? ¿Se acaba el mundo si esperamos unos segundos o unos minutos más, o si se nos cuelan ese coche o ese "tío"? Sería bueno que nos acostumbrásemos a evitar situaciones de estrés innecesarias como correr para llegar a un semáforo en verde o intentar cruzar en rojo. Empezando por lo pequeño, tal vez, lleguemos a modificar lo mayor.

En el terreno personal, nos enfadamos por tonterías con aquellos que tenemos más cerca, o perdemos la paciencia en situaciones que se podían haber resuelto con muy poco esfuerzo. Pagamos con ellos pequeñas, o grandes, frustraciones que vamos arrastrando a lo largo del día, y de la vida. Descargamos la irritación que no hemos sido capaces de manifestar fuera de casa.

Afortunadamente, aún queda gente a la que no le importa perder el tiempo con las demás personas y sus problemas. Son pacientes, no se estresan, no tienen prisa para pasar, para ayudar, para hablar, para mirar a los ojos, para sonreír...

Una de las finalidades de la educación es el desarrollo de la inteligencia. Sin embargo, el concepto de inteligencia en el aprendizaje es más amplio. Nos estamos refiriendo a la inteligencia emocional. Es decir, la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, para saber dominar las emociones negativas propias y ajenas como la ira, el miedo o la desesperanza, y para motivarse con optimismo.

Para ello, es muy importante desarrollar la *autoexpresión* emocional, que consiste en:

* Expresar y demandar afecto.
* Liberar estados emocionales.
* Solicitar o brindar apoyo y cariño.
* Mostrar ternura o comprensión.
(1)

El futuro está en manos de aquellas personas que dispongan de una buena inteligencia emocional. Sólo ellas sabrán combatir el mayor mal de la sociedad occidental: el estrés.

Los derechos asertivos sirven para darse cuenta de que, cuando ejercemos un derecho propio, la persona de enfrente también tiene derecho a ejercer el suyo, y debemos respetarlo. Por ejemplo, yo tengo derecho a decir lo que pienso sobre ti, pero tú tienes derecho a no estar de acuerdo con lo que te he dicho. Tú tienes derecho a darme un consejo, y yo tengo derecho a seguirlo o no.

Dichos derechos no implican que podamos hacer lo que queramos o pasar por encima de los demás, ni que todo valga. Simplemente, recuerdan que todo el mundo puede hacer uso de ellos, por lo menos, alguna vez en su vida, en situaciones que se lo permitan. Conocerlos nos ayudaría a ser más comprensivos con los demás, a ser un poco menos exigentes con nosotros mismos y con el prójimo. En definitiva, a entendernos mejor unos a otros. Practicando su uso, puede que consigamos apaciguar esa rabia que, tan a menudo, sentimos en nuestro interior sin causa aparente.

Estos son algunos de los derechos mencionados.

TODO EL MUNDO TIENE DERECHO… (2)

* A ser el primero algunas veces.
(La madre que piensa en todos los de la familia antes que en ella: ropa, comida, tareas…)


* A cometer errores.
(No hay que torturarse uno mismo, ni a los demás, por equivocarse: "¡Mira que soy/eres/es tonto!")


* A tener sus propias opiniones y creencias.
(Aunque no gusten a los demás o no sean convencionales)


* A cambiar de idea, opinión o actuación.
(Rectificar es de sabios. Todo el mundo se merece una segunda oportunidad por muy grave que sea lo que haya hecho o dicho. No se te va a tragar la tierra por dar tu brazo a torcer)


* A expresar una crítica y a protestar.
(A mucha gente, le da miedo, y traga con lo que le echen. Otros lo dicen con educación, y no pasa nada)


* A pedir una aclaración.
(Si no hemos entendido algo. El "no" o el silencio los tenemos de antemano)


* A pedir ayuda o apoyo emocional.
(No por ello somos débiles ni van a pensar mal de nosotros. Y si lo hacen, el problema lo tiene el otro por no ser comprensivo, no nosotros)


* A sentir y a expresar dolor.
(¿Por qué los chicos no pueden llorar?)


* A ignorar los consejos de los demás.
(Puede que tenga razón, pero que nosotros no podamos seguirlo en ese momento, o que prefiramos otra solución)


* A recibir el reconocimiento por un trabajo bien hecho.
(Nunca me dicen que la comida está buena, sólo "aj, verdura". Nunca me felicitan por hacer los deberes o poner la mesa, sólo me riñen cuando no lo hago)


* A negarse a una petición, a decir NO.
(¿Por qué aceptaría esa invitación, o hacer ese favor o comprar ese trasto?)


* A no justificarse ante los demás.
(No siempre hay que dar una explicación de lo que haces o por qué lo haces)


* A responder, o no hacerlo.
(¿Cuántos años tienes? ¿Tienes novio/a? ¿Qué coche tienes? ¿Qué has hecho hoy?)


* A ser tratado con dignidad.
(¿Acaso existe alguien que se merece el rechazo, la antipatía o incuso la humillación de los demás?)


* A detenerse y pensar antes de actuar.
(No hay por qué contestar enseguida a las propuestas ajenas: deja que me lo piense)


* A decidir qué hacer con su cuerpo, tiempo y propiedad.
(Siempre que sólo le afecte a él. Si quiere fumar a pesar de que es malo, y me respeta a mí, que fume)


* A hablar sobre el problema con la persona involucrada.
(A veces, cuesta, pero hablando se entiende la gente)


* A hacer cualquier cosa, mientras no vulnere los derechos de otros.

(1) Extraído de una ponencia para profesores del Programa "Prevenir para vivir" de la Fundación Marcelino Botín.

(2) Lista basada en las aportaciones de Raquel Palomera


Blanca Sancho Torres

Madre de un alumno del Colegio