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Noticia aparecida en El Diario Montañés del 21-07-06

LUIS SÁNCHEZ DE MOVELLÁN DE LA RIVA


Los líderes son personas que, mediante la palabra y el ejemplo personal, influyen acusadamente en las conductas, pensamientos y sentimientos de un número importante de sus congéneres humanos. Decía el presidente estadounidense Harry Truman que líder es el hombre que tiene la capacidad de conseguir que otras personas hagan lo que no quieren hacer y que les guste.

El líder, de joven, manifiesta dotes especiales en dos ámbitos: es un hábil orador y muestra vivo interés y capacidad por entender a otras personas. Entre los primeros indicadores de la personalidad del líder, la indicación más significativa es una disposición a enfrentarse a individuos con autoridad. El líder cree que sus propias ideas están igual de bien fundadas y quizás tienen más probabilidad de ser más eficaces que las de la persona que está en ese momento en el poder. Esta disposición a cuestionar entraña riesgos, pero los futuros líderes asumen riesgos y no se retiran fácilmente de la lucha. Otros indicadores iniciales del líder son su interés por las cuestiones morales, y su tendencia a ser competitivo y a disfrutar consiguiendo una posición de control.

El líder comienza por establecer relaciones personales con individuos de su propia órbita -su familia, sus vecinos y otros miembros de su colectividad-. El indicador de un futuro líder es que las dimensiones de estos círculos aumentan rápidamente, y que el líder en ciernes trata habitualmente con cientos de individuos, y no con diez o veinte, antes de haber alcanzado la mayoría de edad.

Ningún líder nace sabiendo lo que tiene que realizar eficazmente en la esfera pública, por lo que necesita completar los aprendizajes necesarios, sea para adquirir conocimiento de campos, destreza en la comunicación o dominio de la política de organización. El liderazgo eficaz requiere mucho más que dotes personales y ambición desmedida. Un líder en ciernes debe estar en sintonía con un auditorio que se plantea cuestiones básicas o más complejas y busca guía. Cuando el líder haya elaborado respuestas a esas preguntas, pueda expresarlas elocuentemente y sepa encarnarlas en su modo de vida, estará listo para ocupar un puesto de liderazgo.

El líder tiene que estar preparado para revisar su historia, combatir contrahistorias, prever historias y contrahistorias futuras, o incluso crear otras completamente nuevas. Tiene que elaborar una postura en la medida en que una historia es inclusiva o exclusiva, tradicional o innovadora, y se relata principalmente mediante palabras o se transmite mediante alguna otra clase de sistema simbólico. El liderazgo nunca está garantizado; se debe renovar siempre. El líder asiste a una constante interacción entre sus historias predilectas, las reacciones del auditorio y los acontecimientos, a menudo impredecibles, de la sociedad.

Los líderes consiguen su eficacia principalmente a través de las historias que relatan. Usamos el término relatar, en lugar de decir, porque presentar una historia con palabras no es sino un modo de comunicar. Los líderes en las artes se caracterizan por inspirar a otros con los modos en que utilizan los medios de expresión artística que han escogido, sean éstos las frases de una sonata o los gestos de una danza; los científicos dirigen mediante la manipulación de los sistemas simbólicos predilectos en sus campos, sean éstos las ecuaciones matemáticas de los físicos teóricos o los modelos anatómicos de los neurofisiólogos; los de opinión manipulan los sentimientos y trazan las racionalidades mediante la articulación de los diferentes mass media que utilizan, sean éstos los párrafos de una columna, las arengas radiofónicas o el juego imaginativo de los medios audiovisuales.

Los líderes de opinión tratan de reorientar una entidad política como una nación, o una institución con una amplia base, como la Iglesia. En estos casos, el líder en ciernes no trata con expertos, sino con individuos que traen al auditorio una estructura mental ordinaria, relativamente indisciplinada. El líder que quiera reorientar una institución ha de ser capaz de interpelar a un público desde la perspectiva de las nociones de sentido común y lugares comunes que un habitante ordinario absorbe simplemente por haber vivido durante algunos años dentro de una sociedad.

Los líderes de opinión, aparte de los mensajes innovadores que puedan transmitir, alcanzan su posición de influencia y de auctoritas en sociedades democráticas fundamentalmente por sus fuertes dotes de persuasión. Son líderes que tienen una visión inclusiva de sus colectivos de partidarios, es decir, intentan atraer a cuantas más personas mejor a su círculo, y no tanto -aunque también- denunciar o excluir de él. Del mismo modo, aunque puedan estar buscando el poder y gozar de él, su motivación fundamental y más fuerte es la de efectuar cambios, y no la de ambicionar simplemente el poder por el poder.

La huella que marca un líder indirecto, como por ejemplo el de opinión, depende de forma muy importante de la «historia» que relate o encarne, y de las recepciones de dicha «historia» por parte de los auditorios. Ahora bien, el auditorio no es una 'tabula rasa' a la espera de que la primera, o la mejor, 'historia' se grabe en su superficie virgen. Más bien, los miembros del auditorio llegan pertrechados de muchas 'historias' que ya han sido contadas una y otra vez en diversos dominios sociales, y, por tanto, las 'historias' del líder deben competir con muchas otras historias existentes; y si se quiere que las nuevas 'historias', las nuevas opiniones triunfen, éstas deben trasplantar, suprimir, complementar o en alguna medida pesar más que las historias anteriores y más también que las contemporáneas "contrahistorias" de los líderes de opinión rivales. En un sentido darwiniano, los 'memes' -versión cultural de los genes- llamados 'historias' compiten entre sí por la aceptación del público, y sólo los más vigorosos y con calado tienen una posibilidad de conseguir un ascendiente y convencer de una forma aplastante al auditorio.

En definitiva, un líder de opinión es aquél que consigue transmitir una versión nueva, con probabilidad de ser eficaz, de la historia de un grupo dado. La eficacia incluye aquí adecuación: la historia tiene que tener sentido para los seguidores, para los miembros del auditorio en un determinado momento histórico particular, en función de dónde han estado y adónde querrían ir. El líder de opinión que tiene éxito es el que, de modo más penetrante, percibe y comunica lo que el auditorio ya desea, lo que no le dispensa de la necesidad de formular un mensaje de forma clara y convincente, ni de combatir otros temas contrarios que resuenan en la cultura, en la política o en la acción social.