Atrás Manzana roja y manzana verde

Cuento para Carmen y Pilar

Por Belén González

Prólogo

Como tantas veces ocurre, me vi escribiendo esto como por casualidad. A un grupo de madres de los niños de 5 años del C.P. Cisneros se les ocurrió hacer un libro para las profesoras porque terminan la etapa con esos grupos, así que pasaron una nota informando a las familias.

Estas madres pedían sugerencias y colaboración para el libro. Me pareció una idea estupenda, algo que puede dejarles un recuerdo mucho mejor que otras cosas que podamos comprar "con dinero", así que me puse a pensar. Intentaba encontrar algo que tuviera que ver con el nombre de las clases: "manzana verde" y "manzana roja", y me vinieron a la mente varias ideas: "la gran manzana" (ambientar la historia en Nueva York), la manzana de la discordia, Blancanieves, Adán y Eva. En los tres últimos, la manzana era el elemento que tentaba. Sugerí esto a una de las mamás, que me animó a escribir yo la historia (nunca había hecho nada ni parecido) y al final, entre tentación y tentación, la tentada fui yo a escribir una historia que tuviera algo que ver con nuestras "manzanitas".

Elegí la manzana de la discordia, porque me pareció que era algo que podría dar resultado para el libro. El mito cuenta que en la boda de Tetis y Peleo, a la que habían sido invitados todos los dioses menos Eris (la diosa de la discordia), de repente aparece ésta y les dice que aunque no haya sido invitada, tiene un regalo, y deja una hermosa manzana, que dice que es para la diosa más bella. Atenea, Hera y Afrodita desean obtenerla así que piden a los dioses que juzguen quien es la más bella. Pero Zeus, para evitarse problemas, prefiere que sea un mortal el que decida, así que llevan a las diosas ante Paris, al que ofrecen regalos. Hera le ofrece el gobernar el mundo conocido; Atenea, vencer en la guerra, y Afrodita, el amor de la mujer mas hermosa, Helena. Paris eligió a Afrodita.

El término "manzana de la discordia" sólo sirvió para inspirarme, para empezar a crear la historia; por supuesto no pretendía ni pretendo sembrar discordia ni nada que se le parezca sino rendir homenaje a las profesionales que han pasado tres de los más maravillosos (pero también difíciles) años de nuestros hijos.

 

Érase una vez (y de esto, creedme, no hace mucho tiempo) en un terreno de la ciudad de Santander, entre las calles Cisneros y Magallanes, y aproximadamente a la altura de la plaza Numancia, una arboleda maravillosa. Era un terreno muy fértil en el que los árboles alimentaban a sus frutos, les proporcionaban nutrientes esenciales para la vida, casi tan esenciales como el aire o el agua. De la arboleda, destacaban por su ternura dos manzanos con sus manzanitas. Uno de esos manzanos estaba cargadito de manzanas verdes; el otro en cambio, estaba lleno de manzanas rojas como el rubí. Todas las manzanas eran preciosas, brillantes y sanas, y sobre todo, de excelente corazón. Las manzanas vivían felices en sus árboles, que les daban cobijo y alimento.

A los manzanos los llamaremos, pero esto por pura casualidad, Pilar y Carmen. Las manzanas rojas estaban en el árbol Pilar y las verdes se encontraban en Carmen.

Los dos árboles estaban muy cerca el uno del otro, y las manzanas llevaban en los árboles una buena temporada, así que todas se conocían y se apreciaban, disfrutaban de muy buenos ratos juntas, se gustaban. El único inconveniente era que, aunque ellas no lo sabían, eran descendientes muy muy lejanas de aquella famosa de la discordia así que un día, y eso sin venir mucho a cuento, no se les ocurrió otra cosa que hacer que ponerse a chincharse sobre cuál de los dos árboles era el mejor. Por supuesto, a todas las manzanas rojas su árbol les parecía el mejor, y a todas las verdes el suyo.

Muy cerca de los manzanos había también un roble centenario que era, por decirlo de alguna manera, el "alma mater" de ese terreno, y porque todos sabemos que los árboles no se mueven, si no, yo juraría haberlo visto en sitios distintos. Este roble adoraba a las tiernas manzanitas (y también a otras frutas de la arboleda), y siempre estaba dispuesto a ayudarlas y darles buenos consejos. (Al roble le llamaremos, también por casualidad, José Antonio). Este roble centenario que veía que las manzanas no estaban de acuerdo, les dijo: "Bueno, bueno, tranquilas, manzanitas, se me ocurre una idea: en lugar de regañar ¿por qué no organizamos una especie de concurso de árboles?

A las manzanas les pareció una idea estupenda, así que acordaron preparar la razón por la que su árbol había de ser el mejor, y tenían que escribirla (algunos ya escribían, los que estaban aprendiendo podían pedir un poco de ayuda). También tuvieron que acordar las bases del concurso, que quedaron más o menos así:
- quedan excluidas "porque sí" y "porque no" del grupo de razones
- cada manzana sólo podrá dar una razón
- dentro del mismo árbol, no se contarán las razones que hayan sido repetidas
- como hay más manzanas verdes que rojas, tendremos que tener eso en cuenta al hacer el cómputo de todas las razones.
- resultará manzano ganador el que nos parezca que tenga más razones para serlo.

Empezó dando su razón una manzana verde a la que (vaya racha de casualidades que llevamos), vamos a llamar Marta. Se aclaró la garganta y dijo: "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos ayuda a hacer las letras minúsculas"

El resto de las manzanas verdes se miraron y se sonrieron, era verdad, qué habrían hecho sin su árbol, … y muchos de ellos suspiraron suavecito.

Era el turno de las manzanas rojas. Levantó la mano (bueno, esto es un cuento, y en este cuento las manzanas tienen manos, porque las necesitan para pintar y para escribir), a lo que vamos, levantó la mano Marcos, y lleno de orgullo dijo: "Mi árbol es el mejor del mundo porque siempre me dice que hago las cosas muy bien"

Las manzanas rojas aplaudían entusiasmadas (¿veis lo útiles que son las manos?). Menuda razón tan importante se le había ocurrido.

Y así fueron pasando más y más manzanas, más y más razones ..
Alba, que era otra manzana verde dijo: "Mi árbol es el mejor del mundo porque me deja el Kappla"
El resto de las manzanas verdes lanzaron un "Ooooooh, qué buena"
Lucía, la tierna manzanita roja proclamó: "Mi árbol es el mejor del mundo porque me gusta dibujarla"
A Eloy, que era una manzana verde encantadora, se le ocurrió decir, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me deja el puzzle de Pokemon"
Varias manzanas verdes asintieron.

Víctor, que era una manzana roja muy observadora, dijo: "Mi árbol es el mejor del mundo porque me gusta su cara"
Ángel, que era una manzana verde con intereses muy definidos añadió, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me deja el libro de dinosaurios"
Andrea, que era una manzana roja muy activa, exclamó: "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos enseña"
Un par de manzanas rojas hicieron un gesto que parecía significar: "Vaya, la misma razón que yo había preparado"
Berta, la siguiente manzana verde, explicó: "Mi árbol es el mejor del mundo porque me ayudó a hacer un puzzle"
Celia Sañudo, que algunas veces era algo despistada, comentó: "Mi árbol es el mejor del mundo porque cuando pierdo mi lápiz me da el suyo"
Alejandro, que era una manzana verde a la que le gustaba mucho el fútbol, fue el siguiente en exponer su razón. Claro, tenía que ser: "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos deja los balones"

Era el turno de las manzanas rojas. Saúl arguyó: "Mi árbol es el mejor del mundo porque es muy buena trabajando para todos los niños"
Juan José, la siguiente manzana verde, proclamó: "Mi árbol es el mejor del mundo porque es muy buena"
Marta, que era una manzana roja muy avispada, dijo: "Mi árbol es el mejor del mundo porque me enseña a escribir"
Volvía a ser el turno de las manzanas verdes. Esta vez habló Brian, que dijo alto y claro: "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos ha dejado los puzzles"
Luis, la dulce manzana roja, expuso: "Mi árbol es el mejor del mundo porque es guapa"

La tensión iba en aumento. La cosa estaba muy reñida, porque tanto las manzanas verdes como las rojas estaban dando unas razones la mar de interesantes.
Patricia, una linda manzana verde, exclamó, "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos enseña muchas cosas"
Era el turno de Nydia, la bella manzanita roja. Dijo con voz clara, "Mi árbol es el mejor del mundo porque tiene unos ojos bonitos"
Elisabet, que era una tierna manzanita verde, argumentó, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me ayuda a recortar"
María, que era una manzana roja muy avispada se quedó pensativa, como si no supiera cuál de todas las razones que tenía en mente sería mejor decir. Al fin, exclamó, "Mi árbol es el mejor del mundo porque la quiero"
César, la manzanita verde con inquietudes, dijo: "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos llevó a ver los aviones"
Celia Palomero, la cariñosa manzana roja, proclamó, "Mi árbol es el mejor del mundo porque cuando me equivoco, ella me explica"

Volvía a ser el turno de las manzanas verdes. Esta vez fue José Ignacio, la manzanita verde, el que levantó la mano para pedir turno de palabra, y después dijo, "Mi árbol es el mejor del mundo porque es muy buena cuando hace las fichas conmigo"

Y así fueron dando sus razones el resto de las manzanas rojas y verdes por turnos, de esta manera:
Samuel, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me trata bien"
Adrián, "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos lleva de excursiones"
Paula, "Mi árbol es el mejor del mundo porque ella me quiere"
Luis, "Mi árbol Carmen es el mejor del mundo porque es muy generosa cuando nos da los juegos"
Silvia, "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos lleva de excursión"
Pedro, "Mi árbol es el mejor del mundo porque es guapa"
Aníbal, "Mi árbol es el mejor del mundo porque a veces me deja la goma"
Mariana, "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos ha ayudado mucho"
Pablo, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me curó un día que sangraba"
Gonzalo, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me gusta hacer dibujos con ella"
Carmen, "Mi árbol es el mejor del mundo porque cuando suena el móvil bailamos"
Laura, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me deja jugar a la cocinita"
Manuel, "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos hace reir"
David, "Mi árbol es el mejor del mundo porque nos llevó a Cabárceno"
Dennis, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me gusta su nombre"
Berly, "Mi árbol es el mejor del mundo porque es muy buena llevándonos al patio"
Roberto, "Mi árbol es el mejor del mundo porque es la mejor profesora"
Óscar, "Mi árbol es el mejor del mundo porque hemos hecho dibujos"


Ahora quedaban dos manzanas verdes y una manzana roja. Se notaba mucha tensión en el ambiente, porque la cosa estaba realmente igualada. El roble José Antonio fue el que comentó: "Puesto que han empezado las manzanas verdes, sería conveniente que terminaran las rojas, ¿qué os parece?" A todas las manzanas les pareció bien la idea, así que los siguientes en dar su razón fueron
Kenneth, que lleno de orgullo añadió, "Mi árbol es el mejor del mundo porque me ha enseñado a leer" y
Lorena, que explicó, "Mi árbol es el mejor del mundo porque siempre me ayuda en los trabajos"

Era el turno de Natalia, la manzana roja, sería la última en hablar. Era bastante tímida, se había sonrojado (menos mal que no se le notaba mucho, como ya era roja antes), y le temblaba la voz, pero no podía callarse ahora, así que dijo, alto y claro: "Mi árbol es el mejor del mundo porque me enseña a leer"

Y en ese preciso momento ocurrió algo especial, una especie de milagro. Todas las manzanas habían estado de acuerdo en hacer un concurso, pero cuando terminaron de dar sus razones, se miraron las unas a las otras durante bastante rato. De repente a todas las manzanas se les notaba un brillo especial, ya que todas estaban pensando lo mismo:
"la verdad es, y eso ya lo sabíamos, que todos los árboles son buenísimos, eso es indudable, los manzanos en particular, pero cada uno tenemos una relación más especial con el nuestro porque es el que nos ha dado cobijo y alimento durante tanto tiempo y nos ha hecho crecer. ¿Cómo se nos habrá ocurrido chinchar a las manzanas del otro árbol?"

El roble centenario (ya sabéis, José Antonio) también se había dado cuenta de que había ocurrido algo. Miraba fijamente a las manzanitas y a sus árboles.

En ese momento, si esto fuera una película, sonaría una musiquilla envolvente. Porque en ese preciso momento también, empezó a soplar una brisa, que anunciaba a todas las manzanas, tanto rojas como verdes, que había llegado el momento.

Las manzanas se sentían un poco extrañas, aunque era una sensación agradable, una especie de mezcla de alivio e inquietud, de paz interior e incertidumbre y fue el roble el que tuvo que hablar:

"queridas manzanitas, llegar a esa conclusión ha sido tan brillante, que supone que habéis madurado y por eso ahora tenéis que caer del árbol, os caeréis al suelo."

Todas las manzanas sin excepción sintieron un cosquilleo en la barriga, y tuvieron la sensación de que se les escapaban las lágrimas, aunque eran muy valientes, porque no querían separarse de sus árboles.

Y en ese momento, fue cuando los árboles, que hasta entonces habían estado muy calladitos, hablaron. Dijeron al unísono:

"No debéis sentir pena sino alegría porque seguiréis viéndonos, aunque no será desde la rama sino desde el suelo, y eso es bueno, porque quiere decir que habéis madurado. Algunas de vosotras haréis una estupenda compota, otras estaréis estupendas en macedonia, mientras que otras seréis deliciosas al natural. El tiempo lo dirá"

Y así es como nuestras manzanitas cayeron del árbol y nuestros dos manzanos y el roble centenario siguieron en aquel terreno. El roble dando sabios consejos y los manzanos ya estaban echando las flores de su nueva generación de tiernas manzanitas.