La revolución multimedia es, en su premisa
tecnológica, la revolución digital. Y el elemento distintivo
del going digital, del "ser digitales" de Negroponte, es que modifica
radicalmente nuestro "situarnos en el mundo". Hasta ahora el hombre
ha afrontado y reflejado el mundo real; ahora es proyectado en la creación
de mundos virtuales. La tierra prometida del negropontismo, promocionada por
sus proliferantes gurús y hechiceros, es, así pues, un mundo
-como diría Luis Rossetto- de "digigeneracionales" dedicados
a la cibernavegación en lo virtual. Y mi pregunta es: ¿esta
tierra prometida es una tierra firme, o es más bien una tierra poco
estable que se apoya en el vacío?
Para responder me remito una vez más al niño y especialmente
a la pedagogía del hipertexto. Como ya sabemos (vid. supra, págs.
185-190), en la pedagogía del hipertexto el niño se convierte
en "autor-creador" que se mete como quiere en un texto polimorfo,
en el punto que quiere y haciendo lo que quiere. Y la implicación de
este acercamiento es -leo- la de romper la "lógica lineal"
que hasta ahora nos ha "esclavizado", y romper por tanto el principio
mismo de la consecutio, del discurso ordenado que pone en orden las cosas
una tras otra.
¿En pro de qué? Por lo que se nos cuenta, en pro de una infinita
libertad de creatividad. ¿Verdaderamente? Entiendo que el hipertexto
pueda excitar el deseo de novedad que tanto nos excita. La pregunta que queda
es: ¿cuáles serán los reflejos de esta superación
del pensar lógico en nuestra convivencia en ciudades construidas (y
sobre esto no cabe ninguna duda) por un pensamiento y una lógica que
ahora son tirados a la cuneta? Es decir ¿podemos verdaderamente vivir
y convivir como animales sociales y políticos sin entender el antes
y el después, la causa y el efecto?
En lógica, consecutio significa capacidad de construir un discurso
coherente que va de las premisas a las consecuencias. Y en la esfera práctica
la consecutio postula que los medios precedan a los fines y que el instrumento
vaya antes que el producto. Dicho esto, ¿qué tiene de exaltante
perder la capacidad de consecutio? La respuesta es -ya lo sabemos- que una
lógica circular "sin centro" es infinitamente liberatoria.
Sí, seguramente lo es para nuestra libertad "interior" de
neurosis y esquizofrenia. Pero seguramente no lo es para nuestra libertad
"externa" de ciudadanos, que por añadidura es la libertad
que funda nuestra convivencia político-social.
Partamos ahora de la teoría a la que actualmente se denomina "lineal"
de la libertad política, que además es la teoría -lógico-práctica
que concretamente la ha producido. En esta teoría se distingue entre
liberación de (libertad defensiva) y libertad de (libertad positiva,
poder hacer), y se mantiene que la liberación de (por ejemplo del poder
del Estado) es una condición necesaria de la libertad de, y que por
tanto la tiene que preceder. Así pues, entre liberación de y
libertad de existe una relación de precedencia procedural. Pero todo
este discurso, el discurso que construye una teoría y hace posible
en la práctica nuestra libertad, se disuelve en la lógica circular
del hipertexto. Para el niño que iremos criando no estará nada
claro por qué hay que poner antes la argamasa que el ladrillo, por
qué las casas se empiezan por abajo y no por arriba, o por qué
el padre debe preceder al hijo. Una vez abolida la lógica lineal, todo
se hace virtualmente reversible. Lo que es como decir que la realidad se hace
onírica y que el mundo se puebla de sonámbulos.
Así pues, los aprendices de brujo del negropontismo nos están
embarcando en un nuevo mundo en el que ya no existirá el orden concebido
e impuesto por el homo cogitans, sino que sólo existirá una
multiplicidad de animales interactivos que juegan entre ellos por azar. Según
parece, a estos aprendices de brujo ni siquiera se les ocurre pensar cuál
será el destino de una ciudad dejada en manos de la inconsecuencialidad
de animales "post-pensantes" incapaces de consecutio. Pero los que
todavía son pensantes tienen que denunciar la irresponsabilidad e inconsciencia
de las cada vez mayores legiones de vendedores de humo que olvidan que la
ciudad en la que vivimos y viviremos no es "naturaleza" (una cosa
dada que está ahí para siempre), sino que es de cabo a rabo
un producto artificial construido por el homo sapiens. ¿Se podrá
mantener sin su apoyo? No, seguramente no. Y si hacemos caso a los falsos
profetas que nos están bombardeando con sus multi-mensajes, llegaremos
rápidamente a un mundo virtual que se pone patas arriba en una "catástrofe
real".
La nuestra es una época extraordinaria -no ordinaria- por dos cosas.
Primero porque, como estaba diciendo, es una época riquísima
de hechiceros y charlatanes. El pensamiento ilustrado les había hecho
perder mucho crédito y así durante más de dos siglos
la cultura occidental los había marginado. Ahora han revivido y están
triunfando. Triunfan también porque nosotros vamos siempre acelerados
y corriendo hacia adelante. Y ésta es la segunda característica
-la que verdaderamente no tiene precedentes- de nuestra época. En este
mundo ya todo es neo, trans, post. El "novismo" (acuñación
mía) y el beyondism, el ir más allá (acuñación
de Daniel Bell), vuelven locos. Hoy día, si no "superas",
si no adelantas o saltas la valla, no existes. Arriesgándome a no existir,
yo prefiero resistir.
"Homo videns. La sociedad teledirigida"
Giovanni Sartori