Cuéntame un Cuento

 

Cartel del Concurso 

Historias de mi abuelo:

   Como todos sabemos, nuestros abuelos son los que mas tiempo pasan con nosotros; incluso mas tiempo que nuestros padres. Y también sabemos que a nuestros abuelos le encanta contar historias antiguas.

   Pues bien, ahora yo les voy a contar la historia que mi abuelo me contó, que su abuelo le había contado cuando deshojaba las panojas en el portaluco de tía Mília.

   En la peña Redonda o también llamada "peña del moro", vivió hace muchos años un "moro" tan malvado y dominador, que para controlar todo el valle, hizo su cabaña en lo alto de esta peña.

   Desde allí controlaba todos los acontecimientos del valle, .

   Todos le odiaban y le temían, porque al llegar la noche bajaba al pueblo mientras todos dormían y aprovechaba para robar todo lo que encontraba a su paso.

   Se decía que poseía montones de monedas que escondía bajo las rocas de esta peña pero nadie se atrevía a comprobarlo.

   El día de San Martín era tradición de este pueblo, subir a la peña a quemar el chorizuco y las castañas sin olvidarse de la botuca de vino.

   Reunidos en la plaza del pueblo todos los vecinos se "armaron" de bastones y "garrotas" , y comenzaron a subir la empinada cuesta de lapeña, temerosos de lo que sucedería al encontrarse en los alrededores de la cabaña del moro.

   La campa donde se asaba, se encontraba a poca distancia de la cabaña. Al llegar a la campa se abrió la puerta de la cabaña y la sombra del moro apareció en la puerta. El primero que reaccionó fue mi hermano pequeño, -contaba mi abuelo-, que antes que nadie moviera un dedo, cogió un chorizo, la bota de vino y se acercó al moro. Sin mediar palabra le ofreció las viandas quedando tan sorprendido el moro como los asistentes a la fiesta.

   Tras una tensa pausa, el moro hizo una reverencia al pequeñajo y cogiendo la ofrenda se adentro en su cabaña.

   La fiesta continuó como si no hubiese pasado nada y la gente volvió a sus casas cantando como siempre.

   Durante la noche se escucharon los habituales ladridos de los perros que delataban la visita nocturna del moro. Pero al día siguiente amanecer, cuando Tío Lolo iba a echarle la hierba a las vacas, vió un saco en el portal. Al abrirlo casi se cae de culo.  El saco estaba lleno de monedas de oro .

   Al írselo a contar a la Concha, vió que en su portal también había otro saco, y en el de Pachín otro, y así en todos los portales del pueblo.

   Desde entonces la Peña Redonda fue la "Peña del Moro", en recuerdo de un hombre que llegó malvado y se convirtió en buena persona y amigo de sus amigos 

 

¡No me comas!

    Érase una vez un refresco de cola que se ocultaba en la nevera para no ser bebido: detrás del jamón, entre la lechuga ye l tomate. Así estuvo un año, hasta que un día le sacaron, pues era el cumpleaños de su dueño. Le abrieron y ¡oohh! estaba caducado¡. Le cogieron y le tiraron a la basura.

    Por la mañana, el camión de la basura vino y le echó a un contenedor muy grande . De allí le llevaron a una trituradora, pero el saltó y no fue triturado; allí se escuchaban gritos de papeles, latas, etc...

    Se montó en el camión que le había llevado hasta allí y se durmió. A la mañana siguiente el camión paso por delante de casa del dueño y se tiró; después subió las escaleras y se metió en la nevera para poder dormir tranquilo.

 

Adiós a la peseta

   Había una vez un pequeño pueblo llamado "Villa Bankina" donde vivía una familia de pesetas: Papacienpesetas era grande y rubio, Mamacincuentapesetas era más pequeñita y de un color casi de plata, la hija mayor Veinticincopesetas era muy coqueta, presumida y modernacon un agujero en la tripa, el chico Cincopesetasera rubiocomo su padre, muy revoltoso y siempre andaba rodando y por fin la mas pequeña era Unapeseta, se parecía muchoa su madre y era muy tímida y siempre se quejaba de que nadie la quería. En el mismo pueblo también vivían muchos tíos y primoas como Milpesetas que era un primo que le gustaba mucho la naturaleza porque decía que era muy verde, la tía Cincomilpesetas que trbajaba mucho y un tío gruñón y malhumorado que se llamaba Diezmilpesetas, que iba solo a todos los sitios . Un día les dijeron que tenían que ir a trabajar a otro lugar. Sus vecinos fueron a despedirles a la Estación del tren.

   Papacienpesetas llevaba una gran maleta con todos sus recuerdos, fotos de sus antepasados: del tío Dosreales, del primo Céntimos, de la tía Pesetasdepapel, de la otra tía a la que todos conocían como "la Rubia", y de mas.

   Por fin el tren se fue y los vecinos se quedaron en el andén recibiendo a los nuevos vecinos: los Euros. Pero esa es otra historia que ya os contaré.

 

 

El Ratoncito que quería aprender

    Había un ratoncito en Corrales de Buelna, que se llamaba Daniel y cada día veía a los niños  ir al colegio José María de Pereda, y siempre le decía a su madre que el también quería ir al cole a aprender.

     Pero su madre le contestaba: ¡los ratoncitos no van al colegio!, ¡solo los niños pueden ir!.

    Y el fue tramando un plan para poderse colar en el colegio y poder ver por si mismo lo que los niños aprendían. Un día que una niña que se llamaba Ana María y que siempre pasaba por delante de su casa con su madre, se quito su inmensa mochila para atarse un zapato, y se dijo: ¡Ahora o nunca!.

    Dicho y hecho, corrió y corrió hasta meterse en su mochila. Ana María se ató su zapato cogió su mochila y siguió caminando al cole sin darse cuenta de nada.

    Daniel no iba muy cómodo entre tanto libro, cuadernos y lápices pero iba contento, porque al fin lo iba a conseguir. Pero se iba haciendo una pregunta ¿Habrá libros de mi tamaño?.

    Mientras Ana María se despidió de su madre y se colocó en la fila como todos los días. Cuando su profe Juan entró en clase con todos los niños de su clase no sabía que tenía un alumno nuevo, con muchas ganas de aprender.

    Se asomó sigiloso y busco un sitio seguro, consiguió trozos de papel y lápices de esos pequeños que los niños ya no quieren, pero que para él eran perfectos. Y comenzó a pintar, estaba muy contento de poder aprender y se esforzó en aprender rápido. Además encontró un agujero para poder entrar todos los días a clase sin tener que meterse en la mochila.

    Cuando Ana se cambiaba de clase para ir con Inma o Ana, Daniel la acompañaba sin que ella se diese cuenta, se escondía por las esqinas y nunca le lograba ver.

    Pasaron los días, las semanas y algún mes y un día Ana María se encontró una nota, era pequeñita algo arrugada y en ella le contaba todo, como se coló y lo mucho que había aprendido con sus profes. Pero además le decía:

-¡No cuentes nada!, ¿Quieres ser mi amiga?, ¡será nuestro secreto!.

    Y desde entonces se dejan notas, pero ella sabe que siempre esta acompañada de su pequeño amigo.

 

EL Gato y el Ratón

    Había una vez un ratoncito que se llamaba Bocazas y que vivía en una casita, entonces salían del colegio las niñas, cuando una niña iba a  su casa.  Se tropezó con Bocazas y dijo la niña ¡Un peluche! me lo llevaré a casa. Entonces la niña tenía un gato que le llamaban Rabioso. La niña y sus padres se iban a ir y se quedaban solos. El gato estaba durmiendo el ratón hizo ruido y le despertó. Vió que se le  estaba haciendo la boca agua y le persiguió por todas partes hasta que desarmaron la casa. Cuando vino la niña dijo: esto es muy extraño, todos están quietos. La madre dijo: ¡Que es este desastre!. La niña se fue otra vez al colegio y sus padres a trabajar. El gato pidió perdón al ratón por arañarle y yo perdón por morderte, los dos desde ese día fueron amigos hasta que se murieron.

 

 

 

 

 

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