LA ERMITA DE LA

VIRGEN DE LA LUZ

 

No podíamos finalizar el recorrido por estos lares sin dedicar una mención muy especial a la Ermita de La Luz, ya que tanto ella como el Santuario de la Virgen, e incluso la fuente que mana a sus pies, han sido objeto y lo son en la actualidad, de numerosos escritos, algunos de los cuales transcribimos a continuación.

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Ermita Virgen de La Luz

Copiamos el texto que sigue de un librito que con el "nihil obstat" del Dr.B.Ortiz y el "imprimatur" del Dr.J. Cuesta (Vicario General) se imprime en Oviedo, el 14 de agosto de 195l. El autor, un devoto, hace la siguiente dedicatoria: "A la memoria de mi santa madre, fervorosa devota y propagadora de la devoción a la Stma. Virgen del Carmen."

LA VIRGEN DE LA LUZ

El Santuario de la Virgen de La Luz se levanta en una colina cercana a la hermosa población de Villalegre, en el Concejo de Avilés. Pocos paisajes hay más hermosos. Valles profundos y frondosos rodean la colina del Santuario. En una ladera reposan, entre el arbolado de sus jardines, los hoteles y chalets de Villalegre. A lo lejos se divisa la hermosa "villa ensueño" de Avilés, con su ría mansa, plateada bajo la luz del sol. Y más lejos aún la cinta plomiza del Mar Cantábrico. A este Santuario acuden peregrinos de toda Asturias, y moradores del concejo de Avilés y sus aledaños la visitan llenos de fe y devoción, esperando obtener de su poderosa intercesión los favores divinos.

El origen del Santuario es desconocido. Sólo se sabe que la devoción a la Santísima Virgen es antiquísima en este lugar. Ya el Papa Clemente XIII concedió en 1763 amplísimas gracias a los cofrades de su Hermandad.

La imagen es encantadora. Representa a María en el momento del alumbramiento virginal de su divino Hijo. Y esta significación ha sido interpretada por el artista de una manera expresiva y delicada. Del pecho de la imagen brota la cabecita del Niño Dios, mientras la Virgen sonríe con dulce y celestial sonrisa.

El artista quiso interpretar, con delicado simbolismo, el misterio de la Maternidad divina de María, el misterio central del cual se derivan todas las gracias y privilegios que Dios concedió a su Santísima Madre. Todo lo que ella fue, todas las gracias de que está adornada desde su Concepción Inmaculada hasta su gloriosa Asunción a los cielos, son consecuencia de su Maternidad.

Porque fue Madre de Dios, su dignidad alcanzó categoría sublime, por encima de todos los santos y todos los Ángeles; los teólogos dicen que es una dignidad casi infinita. Y por eso mismo, María es Madre de los hombres. Cristo es nuestro Hermano y María es nuestra Madre común; de Cristo, por naturaleza, de los demás por gracia. Y esta Maternidad hace que podamos acercarnos a ella con absoluta confianza de hijos, en nuestros dolores y nuestras alegrías, en nuestros desalientos y en nuestras aspiraciones. Ella iluminará con su luz nuestras almas y encenderá nuestros corazones en el divino amor.

Fundados en esta confianza, que nunca se verá defraudada, los habitantes de la comarca avilesina sienten por la Virgen de La Luz devoción sincera y fervorosa. En sus trabajos y penas la invocan. Y ella sonríe para ellos, les acoge bajo su manto y les bendice. Sería interminable la enumeración de favores recibidos de Nuestra Señora de La Luz.

Dos veces al año se celebra su fiesta; una en la Feria tercera de Pascua de Pentecostés y, otra, el 15 de agosto, fiesta de su Asunción. Ambas fiestas van precedidas de una solemne novena que siempre se ve concurridísima de fieles de toda la comarca.

No se limita la devoción a la Virgen de La Luz a Villalegre, en cuyo término está el Santuario; la villa de Avilés siente una devoción muy especial por ella. Y la comarca entera se siente protegida por su bondad y misericordia. Por ello debería nombrarse a la Virgen de La Luz Patrona de la comarca. Títulos tiene de sobra, tanto históricos como actuales, pues la devoción a su Santuario no ha decaído desde los tiempos más remotos, sino que continuamente se renueva y se extiende.

Hay el proyecto de celebrar su Coronación Canónica, fiesta que tendría una solemnidad extraordinaria y serviría para poner de manifiesto la devoción de sus hijos tantas veces ya demostrada. Y esa sería una ocasión magnífica para proclamarla de una manera oficial Patrona de toda la región. La declaración oficial vendría a confirmar solemnemente la realidad, pues ya los fieles de la comarca la consideran su Patrona, la llevan en su corazón y acuden a ella en todas sus necesidades.

Sirvan estas palabras de introducción a la Novena que ahora se imprime, con el fin de facilitar a los devotos la práctica de su devoción. Que la Virgen Santísima de La Luz siga concediéndonos su protección e ilumine con sus celestiales resplandores todos los caminos de nuestra vida.

 

HISTORIA DE LA ERMITA

Don José Manuel Feito, en un artículo publicado en la revista "El Bollo", apunta una historia sobre la ermita de La luz que, según señala, sólo es parcial por carecer de datos suficientes. Hay, pues, zonas oscuras y, de momento, sin explicación posible. Aunque el artículo es largo y por lo que a lo pedagógico se refiere un tanto farragoso - son demasiados los nombres, los matrimonios, las sucesiones -, merece la pena recogerlo y tenerlo a mano en este nuestro intento de recuperar todo el material posible sobre el Barrio. La historia es así.

Según el Marqués de Ciandocha, la primera familia de la que se tiene noticia y que probablemente fue la que construyó la ermita bajo la advocación de Ntra. Señora de Lluera o Luera, se remonta al S. XIV ( año 1360 ). Se trata del matrimonio don Pedro Cascos y doña Estébanez, que crean en testamento vínculo, mayorazgo y patronato.

Doscientos años más tarde, en 1535, encontramos en la casa señorial de Luera a doña Magor Gómez de Avilés, casada con don Fernando de Valdés Arroyo. Les suceden don Hernando de Sotomonte, apellido procedente de Cenero ( Gijón ), don Menendo, don Alonso de Valdés, apellido éste que se encuentra en casi toda Asturias y doña Mayor Menéndez, marquesa de Suárez Valdés, casada con don González Díaz de Rozas.

Hernando de Somonte muere sin dejar sucesión. Hereda en 1538 su sobrino, don Fernando de Somonte, natural de Avilés, que casó con doña Catalina de Reinoso, muriendo ambos sin dejar sucesión, no sin antes fundar en Madrid la Capilla de los Somonte, en el convento de San Felipe, donde ambos colocaron sus bustos.

Hereda la casa y bienes, hacia 1585, doña Isabel de Valdés Somonte, natural de Avilés, que contrae matrimonio en San Nicolás de la Villa con don García Menéndez de Valdés. Aparecen inscritos como hijosdalgos en 1585. Fueron vecinos de Cenero ( Gijón ) y después de Molleda, parroquia a la que pertenecía Villalegre y la ermita de Santa María de Luera, en donde pidieron ser sepultados.

Tenemos constancia de dos de sus hijos: don Alonso de Somonte, que tomó el hábito de los dominicos en el Colegio de San Gregorio ( Valladolid ) y don Fernando de Valdés Somonte, señor y patrono de la ermita, según testamento que otorga en Madrid en 1589. También muere sin dejar sucesión.

Hacemos hincapié en esta pertinaz esterilidad precisamente por tener lugar en un monte en donde todo parece estar protegido por la "Mater Magna" o diosa de la fertilidad: la fuente, el promontorio, la imagen dando a luz, las costumbres y los ritos que vienen a ser vestigios seguramente de remotos cultos precristianos. Y por si esto fuera poco, lo corrobora la explosión demográfica habida estos últimos decenios y que desparramó por las laderas de la colina de Luera el populoso barrio de San Pablo de La Luz, considerado como el hábitat de más densidad de población de Europa. No deja de ser una paradoja interesante.

A don Fernando de Valdés le hereda su hermano menor, don Juan de Valdés Luera Somonte, natural de Lluera y que debió de ser un personaje con una vida digna de nivelar: fue familiar del Santo Oficio de la Inquisición, vio con amargura arder su palacio de Luera, suceso este digno también de ser descrito por Faulkner en su "Luz de Agosto". Reconstruye la casa, pero entonces deberá pleitear ante la Real Chancillería de Valladolid por mantener sus derechos y predios contra su litigante, don Andrés de Valdés. Todo ello sucedía hacia 1600. Habiendo muerto, su esposa, doña Catalina de Prendes y Valdés de Carreño, casa en segundas nupcias con don Alonso Fernández Perdones. De este matrimonio, según el Marqués de Ciadoncha, nace don Fernando de Valdés Somonte, natural de Molleda, donde está bautizado el 1 de mayo de 1618, y sucede, por ser el hijo mayor, a su padre en el vínculo con el mayorazgo y patronato de la ermita. Fue caballero de la Orden de Santiago desde 1651. Por derecho de Patronato puso sus armas labradas en piedra sobre la puerta principal, hoy lateral, de la ermita. En sus cuarteles se hallan representadas las principales familias de Luera:

LOS VALDÉS: en las tres fajas y diez roeles jaquelados.

LOS VELARDE: en el árbol y la sierpe alada a su izquierda atravesada por la lanza en ristre que esgrime un caballero, y en lo alto una doncella.

LOS POSADA: en el halcón posado sobre una lanza que sale de un ventanal. LOS QUIRÓS: en las dos llaves en pal, seis luneles y tres flores de lis. LOS SOMONTE: partido en pal con los cinco hierros de lanza ensangrentados puestos en aspa y las seis rosas de plata.

Sarandeses nos describe que LOS LUERA pintan: "De gules con un castillo de plata sobre ondas de azul y plata. Sobre la torrecilla de la derecha, un gallo de sable. Y sobre la de la izquierda, una bandera de plata".

Según la obra de G. Ramallo, "Escultura Barroca en Asturias", en los años 1690-1702 aparece en Avilés un pintor: don Pedro Menéndez de Valdés Somonte, posiblemente emparentado con los Condes.

Con Fernando de Valdés la casona de Luera pasa a los Condes feudales de Nava. Y probablemente es la primera Condesa de Nava la protagonista de alguna de las leyendas que corren de boca en boca, atribuidas, erróneamente, a los Condes de Velarde.

Fueron los primeros Condes de Nava en Luera don Francisco de Caso Estrada y doña Bernarda María Álvarez de las Asturias, que parece ser la que donó la imagen y promocionó la fiesta y devoción, debido a haber tenido un hijo tras años de esterilidad. De este tiempo data la Cofradía de La Luz y la Bula del Papa Clemente XIII (13-VIII-1763), coincidiendo con "La Luz de Agosto", en la que se concede a todos los romeros indulgencia plenaria ese día una vez cumplido lo preceptuado. Fue el sucesor logrado - fruto de la promesa -, don Francisco de Caso Álvarez de las Asturias, que casó en 1709 con doña Catalina Juana de Miranda Ponce de León, padres a su vez de doña Joaquina de Caso Álvarez de las Asturias, Condesa de Nava y esposa de don Francisco de Nava Bolaño, casados en 1736. Su hija mayor, doña María Manuela de Navia Bolaño Osorio Álvarez de las Asturias, desposó con don Joaquín de Velarde Queipo, primogénito de la casa de su apellido, el cual, siempre según el Marqués de Ciandocha, fue quien dio lugar al error de creer a los Condes de Nava como Condes de Velarde, título que nunca ha existido.

Hereda la casa hijo mayor, don Joaquín María de Velarde Navia Bolaño Queipo y Caso Álvarez de las Asturias y Nava, que obtuvo del rey la conservación de su título feudal de Conde de Nava en título del Reino, por la Célula Real del 21 de agosto de 1835, siendo Teniente General de los Reales Ejércitos, quien tuvo el acierto de elegir para Vizcondado previo el Vizcondado de La Luz que le fue otorgado el mismo día, según anota el citado Marqués de Ciandocha. En el archivo parroquial de Molleda consta que los Condes de Nava ostentaron el Patronato de la ermita de La Luz los años: 1718-1732-1738-1764 y 1800.

Don Joaquín María de Velarde contrajo matrimonio siendo ya Vizconde de La Luz con doña Nicolasa Ramírez Cienfuegos, hija de los Marqueses de Natahoyo. Les sucede su hijo don Rafael de Velarde, que contrae matrimonio con doña Rufina Guisasola Acevedo.

Hija de don Rafael y doña Rufina, aparece como tercera Condesa de Nava, desde 1858, doña María Asunción Velarde y Guisasola.

El último poseedor de que tenemos noticia es don Juan Bautista Pardo Pimentel y Velarde, que hereda en 1876.

Posiblemente haya lagunas o incluso errores. De todas formas, como aproximación creo que nos puede dar una idea de cómo se desarrolló el árbol genealógico del Palacio o Torre de Lluera y de la ermita de La Luz.